Defensa personal íntegra (parte 8)

En esta entrega hablaré de la huida, en todos los casos, una opción mejor que el enfrentamiento, pero de resultados inferiores a la evitación, ya que para huir debemos tener una buena forma física y ningún impedimento que nos estorbe o imposibilite.

defensa personal integra

El enfrentamiento

La vida, la integridad física y el bienestar constituyen los bienes más preciados de la persona en la sociedad actual, y todos los esfuerzos de esta van dirigidos hacia la preservación y el incremento de este bienestar. Sin embargo, cuando una persona es burlada por otra, muy a menudo está dispuesta a exponer su bienestar para reparar la ofensa momentánea y se arriesgará a un enfrentamiento físico. En tales casos, cuando un encuentro es inminente, todos debemos tener presente que siempre, en cualquier caso que se nos presente y por difícil que parezca la defensa, si tenemos un dominio inteligente de nuestras emociones, siempre saldremos bien parados de la situación sin consecuencias lamentables para nadie.

Se gane o se pierda, una confrontación física rara vez resuelve la situación por la que empezó la discusión, y por lo general conduce a mayores represalias físicas o legales, por ello los avezados en las Artes y Ciencias Marciales más preparados y hábiles recurrirán a todos los medios para evitar el enfrentamiento, aunque esto no se logre fácilmente en momentos de cólera, por lo que deberemos tener un control constante de nuestro cuerpo y de nuestra mente, ya que, tal y como nos enseñaron los antiguos maestros chinos: “El hombre superior evita, mientras que el hombre inferior se deja llevar por sus impulsos”. Y recuerda siempre la siguiente reflexión hecha por Aristóteles: “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”.

Como ya indiqué en el artículo: “La Ley y las Artes Marciales” (publicado en el número 4 de “Dragonz Magazine”) legalmente estamos obligados a hacer todo cuanto esté en nuestras manos para eludir el enfrentamiento físico, a no concertar retos, a demostrar que no tuvimos oportunidad de llamar a la policía, a recurrir a actos que sean en defensa propia y no por venganza, a defendernos sólo hasta el grado que justifique el ataque, y a probar que no rebasamos los límites de lo indispensable para defendernos, defender a nuestros seres queridos o nuestras propiedades, o para evitar un delito.

Además, como ya sabemos, un ciudadano no está obligado a huir o a desviarse de su camino para evitar dificultades con un delincuente, aunque esto sea lo más inteligente que se puede hacer, sin embargo, cuando somos atacados en forma directa, podremos defendernos utilizando cualquier método que convenga según la situación o circunstancia.

COSIDERACIONES PREVIAS

El enfrentamiento es un suceso violento, temible y visceral que implica reacciones adversas indeseables tanto a nivel físico, como fisiológico y emocional, por lo que deberíamos estar preparados para él de todas las maneras posible, recordando siempre que ningún sistema marcial o de combate nos preparará para estar completamente seguros de vencer con facilidad a cualquier agresor, ya que no existen fórmulas infalibles y además muchas disciplinas no son completamente realistas con lo que ocurre en la calle, pues nos enseñan ciertas técnicas efectivas, pero no suelen enseñarnos táctica defensiva, que es lo que estoy desarrollando en esta serie de artículos.

También habrá que tener en cuenta que golpear en ciertas zonas corporales del adversario nos producirá dolor, sobre todo las zonas óseas y articulares dependiendo del ángulo y trayectoria de golpeo, por lo que será necesario acondicionar las armas naturales (manos, antebrazos, codos, rodillas…) para golpear con eficacia. Y habrá que tener siempre en cuenta que el adversario también podrá golpearnos, por lo que deberemos estar preparados para ello, física y psicológicamente.

Por otra parte, es vital conocer el alcance de nuestras limitaciones y características físicas con respecto al adversario, pues ello condicionará una efectiva Defensa Personal Íntegra.

Cuando la diferencia física sea superior al cuarenta por ciento de nuestro peso y al diez por ciento de nuestra altura el enfrentamiento será muy peligroso, pues la masa muscular de nuestro oponente supondrá una gran resistencia a nuestros golpes, mientras que uno solo de los suyos producirá unos efectos devastadores en nuestro organismo, por lo que en el momento del inevitable enfrentamiento deberíamos compensarlo con la utilización de las armas legales ya descritas en anteriores artículos publicados en “Dragonz Magazine”, esto es, los utensilios cotidianos que podamos portar, o lo que podamos encontrar en ese momento en el entorno. Las mujeres que lleven tacones tienen un arma más para defenderse, agarrarán con firmeza el cuerpo del zapato y golpearán con fuerza con el tacón sobre zonas articulares y óseas. En el caso de no podernos ayudar con utensilios, nuestros golpes deberían ser lo más mortíferos y devastadores posible, golpeando en las zonas vulnerables ya comentadas en la anterior entrega, y intentado no entrar en el ciclo fuerza contra fuerza, pues perderíamos.

Pese a todo, deberemos tener una firme determinación de vencer, analizando la realidad de nuestra diferencia física con respecto a nuestro agresor y no haciendo caso de las apariencias, ya que estas pueden ser engañosas; a veces un enemigo pequeño puede ser más peligroso que otro más grande que nosotros, tan malo es tener un complejo de inferioridad como de superioridad.

Con la sensación de inferioridad creeremos que un adversario que percibimos como más peligroso, ya sea por sus dimensiones o por su agresividad, es un ser imbatible que tiene unas capacidades físicas insuperables, cuando la realidad es que, aunque tenga mejor forma física que nosotros y su acometividad sea temible, es tan humano como nosotros, que su resistencia al dolor, por grande que sea, no impedirá que le duelan nuestros golpes ni podrá evitar que le dejemos inconsciente con nuestra pericia técnica; y, además, debemos pensar que precisamente por su volumen será más fácil localizar sus áreas vulnerables, y que cuando caiga más dura será su caída.

También la sensación de superioridad es nociva a la hora de nuestra defensa, puesto que estamos infravalorando las posibilidades ofensivas de nuestro oponente, cosa que él aprovechará tal y como debemos hacer nosotros contra enemigos más formidables. Es un hecho habitual que ante un adversario que parezca inferior físicamente la mayoría de las personas no se empleen a fondo, al cien por cien de su potencial físico y técnico, con la absurda creencia de que el adversario no lo merece, craso error que no podrá ser subsanado cuando éste nos haya golpeado, apresado o nos haya dejado desvanecidos. Nunca hay que subestimar a nadie, pues el potencial de agresión que puede desarrollar alguien es, a priori, indeterminado para nosotros.
Por otro lado, no debemos esperar ayuda aunque estemos rodeados de gente, pues la mayoría de la población no suele actuar por miedo a meterse en líos, o a recibir algún golpe en la refriega; hay que recordar que en la defensa siempre estamos solos, si recibimos ayuda, estupendo, pero que la esperanza de auxilio no influya en nuestra defensa.

Y no olvides que el enfrentamiento a veces es inevitable y, con frecuencia, preventivo, pues muchas veces el violento abusa de su víctima hasta que ésta se le enfrenta, y demuestra con ello que aquel que se aprovecha del débil es un cobarde que no se enfrentaría a alguien que puede hacerle frente.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS

Con todo lo dicho anteriormente vemos que es vital el tener una visión psicológica real de la situación, no hacer caso de las apariencias, pues es muy difícil luchar contra un enemigo que está en nuestra propia cabeza; pero hay que recordar que las ideas preconcebidas van en doble dirección, esto es, nuestro adversario también estará confundido e influenciado por sus propias percepciones y pensamientos nacidos de su experiencia anterior.
Por todo ello, debemos estar en constante alerta, concentrados ante las acciones del agresor, no solamente vigilándole con los ojos, sino también con los oídos por si hubiera más de un agresor en las proximidades o para escuchar si alguien llega en nuestro auxilio. No sólo nos concentraremos en el agresor, sino también en el entorno, por si nos estorbara o encontráramos en él un aliado.
Además, deberemos minimizar en todo momento el riesgo de que los golpes del adversario nos lleguen, por lo que debemos estar alerta para no dejarnos sorprender por sus posibles fintas o engaños, o por un agresor oculto, esto es, no podemos dejar que sus acciones nos confundan.

Por otro lado, podremos aprovecharnos de las ideas preconcebidas de nuestro adversario, y con habilidad y prudencia podremos resolver su agresión, por ejemplo, apoyándonos en una sumisión aparente hasta encontrar el instante ventajoso que nos abra el camino hacia nuestra victoria, ya que al adoptar una posición sumisa el agresor infravalorará la capacidad de respuesta ofensiva de su objetivo; por eso es aconsejable que el enfrentamiento comience con nuestra falsa posición sumisa, con el fin de aprovechar el factor sorpresa, actuando con decisión y utilizando nuestras partes corporales más duras (codos, rodillas, pies calzados…) que impactarán rápida y potentemente en objetivos claros: las zonas y puntos vulnerables del agresor, esto es, sus partes corporales más débiles y sensibles al dolor.

En este punto debo indicar que los mensajes que enviemos con nuestro lenguaje corporal serán vitales para influenciar en nuestro agresor, ya que le enviará señales inconscientes pero inequívocas. Podremos optar por adoptar una actitud firme, sumisa o pasiva:
Si adoptamos una actitud sumisa, el agresor nos etiquetará inmediatamente como una “presa fácil” y no empleará su potencial al máximo, por lo que podremos iniciar la defensa con ventaja, ya que “habrá bajado su guardia”. Esto lo haremos cuando el adversario lo percibamos como peligroso.

Con la actitud firme demostraremos que confiamos en nosotros mismos, por lo que el adversario podrá optar por retirarse e intentarlo con otra “presa” más sencilla. Esta actuación la haremos cuando el agresor lo distingamos como no tan alarmante.
Mientras que usaremos una actitud pasiva, o neutral, hasta que no estemos seguros de que tipo de delincuente se trate el que tenemos enfrente.

La farsa la haremos no sólo con el lenguaje corporal sino que la reforzaremos además con el tono de voz, incluso con la mirada. Nuestra postura, dependiendo de la actitud que adoptemos será la siguiente:

Con la actitud sumisa adoptaremos la siguiente postura: algo encorvados, con los hombros caídos ligeramente hacia adelante, con la mirada baja y el pecho hundido, con ello el agresor nos verá como algo temeroso y apático, pues con ello le estamos enviando el mensaje de que ya nos hemos rendido y que estamos a su merced y no reaccionaremos a tu ataque.

Con la actitud firme mantendremos una postura erguida, con los hombros ligeramente echadas hacia atrás, con la mirada al frente y desafiante, sacando pecho y controlando visualmente al agresor, indicando con ello que estamos muy seguros de que no podrá doblegarnos, que no le tenemos miedo y que estamos alerta para reaccionar pronto, rápida y eficazmente.

Con una actitud neutral estaremos relajados, estudiando al adversario para catalogarlo y adoptar una de las dos actitudes indicadas anteriormente dependiendo del agresor que tengamos enfrente.

Otro consejo más, si eres mujer jamás llores, aunque lo desees, pues el agresor se envalentonará aún más y será mucho más peligroso, una cosa es mostrarse sumisa y otra vencida. En el primer caso el agresor creyéndose vencedor arremeterá tranquilamente sin pensar en una defensa del agredido, por lo que no se empleará a fondo, esto es, sin recurrir a todas sus capacidades físicas, por lo que habrá una mayor posibilidad de defensa y mayores probabilidades de salir con bien de la situación; mientras que en el segundo, el agresor disfrutará anticipadamente de su victoria, que entre otras cosas busca la humillación de la víctima, y por ello se excitará y le estimulará e impulsará a recrearse en su ensañamiento.

Finalmente, ya que estoy hablando de aspectos psicológicos, debemos recordar el uso del miedo sin dejarnos vencer por él (como ya indiqué en la cuarta entrega de esta serie publicada en el número 21 de “Dragonz Magazine”), defendiéndonos de nuestro adversario con decisión y firmeza. Como dijo en cierta ocasión el inmortal Miguel de Cervantes: “Los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo…”. Por otro lado, si tenemos un solo adversario, deberemos recordar siempre que durante el enfrentamiento y sus instantes previos deberemos mirarle firme y fijamente a los ojos y mantener una actitud firme, como ya he indicado, tal vez nuestra seguridad le disuada de continuar con su proceder.

LA ESTRATEGIA EN DEFENSA PERSONAL ÍNTEGRA

Aunque existen muchos tipos de estrategia, cada uno con su definición personal dependiendo del ámbito en que se aplique, en el caso de la Defensa Personal Íntegra la definiré como la planificación del conjunto de acciones que desarrollemos con el fin de lograr el objetivo de resolver el problema de la violencia, direccionando nuestras capacidades y potencial, al tiempo que explotamos las desventajas del adversario con el fin de obtener la victoria, lo que se traduce en una serie de efectivos consejos que conseguirán que salgamos indemnes de una situación de peligro.
Ahora indicaré unas consideraciones previas:

Una provocación o un enfrentamiento verbal previo (discusión) nos alertará de un posible ataque, ya sea directo o traicionero.
Cuando intuyamos que el enfrentamiento físico es seguro y usemos gafas, lo primero que hay que hacer es quitárnoslas y guardarlas en un bolsillo mientras esquivamos los primeros envites de nuestro agresor, pues en caso contrario ante un golpe podrían romperse con el consiguiente peligro para nuestra integridad física, produciendo dolor y lesiones oculares, reduciendo todo lo cual nuestra capacidad defensiva.

También, en el caso de portarla, nos aflojaremos la corbata y nos desembarazaremos de ella, pues el adversario podría usarla en nuestra contra agarrando los extremos de tela con el fin de sujetarnos, desequilibrarnos e incluso hacernos caer.
Lo que no debemos quitarnos es el abrigo, chaqueta o cazadora que portemos, aunque creamos que estorbe nuestros movimientos técnico-defensivos, pues el adversario puede aprovechar el momento para atacarnos cuando estemos indefensos al tener las manos ocupadas y nuestros brazos trabados. Además, una ropa voluminosa podrá protegernos ante los cortes y tajos propinados con un cuchillo o una navaja, lo que no evitará, lógicamente, son los ataques profundos, sobre todo los punzantes.

Hay que tener muchísimo cuidado con las distancias muy cortas, pues existe el peligro de que el adversario nos aseste un cabezazo, por ello, deberemos mantenerle a una distancia prudencial. En el caso de que el adversario intente golpearnos con su cráneo existe una solución muy sencilla y eficaz, inclinar la cabeza hacia adelante; me explico, cuando un agresor da un cabezazo lo hace con su hueso frontal, siendo su objetivo preferido el hueso de la nariz o, si el agresor es más bajo, los incisivos, los dientes frontales y centrales del agredido consecuencia de lo cual le destrozará los labios por dentro y por fuera; si en el momento de bajar la cabeza el agresor, el agredido baja la suya, tocando con su barbilla su pecho, el ángulo resultante logrará que el impacto ya no sea con la cabeza en la nariz, sino que al cambiar el conjunto, y variar con ello el ángulo de ataque, la nariz del adversario golpeará contra la parte superior del hueso frontal del agredido, siendo esta la que se fracture. Si, ya se que existen innumerable técnicas que se enseñan en los distintos sistemas de defensa personal, pero la más rápida y segura es esta, pues la rapidez del ataque agresor impedirá muchas de las respuestas preconizadas por muchos de estos sistemas.

Por otro lado, cuando portemos un objeto con el que podamos defendernos (paraguas, bolso, periódico…) deberemos hacerlo adecuadamente (para ello, repasad los artículos sobre “Armas Legales” publicados en los números 9, 10, 11, 12 y 14 de “Dragonz Magazine”), y sin tener ningún tipo de remordimiento al emplear un arma contra nuestro adversario, aunque sea legal; como dijo Dean R. Koontz: “Todo es legítimo cuando el enemigo es formidable e implacable”.

Como la Defensa Personal Íntegra comprende un conjunto de habilidades y técnicas corporales que nos permitan hacer frente con éxito a las más diversas formas de agresión, un buen entrenamiento nos servirá de ayuda en la preparación de todos los aspectos de la violencia, pero no sólo un entrenamiento físico, sino que deberemos aprender también métodos preventivos para evitar situaciones de riesgo, así como métodos encaminados a la superación de las amenazas y las agresiones, ya sean verbales o físicas. Algunos métodos preventivos de carácter general ya se han indicado en su momento pero cuando desarrolle casos particulares indicaré los métodos específicos para cada ocasión.

Las técnicas físicas a utilizar en la Defensa Personal Íntegra deben ser lo más efectivas posible pero, además, debemos recordar que estamos obligados por ley a tomar las mayores precauciones para evitar lesiones accidentales, sobre todo si estas son graves, pues estaríamos incurriendo en un delito de lesiones si quedamos fuera de los supuestos de legítima defensa que marca la legislación vigente para nuestra exención de nuestra responsabilidad penal o civil, como ya indiqué en el citado artículo: “La Ley y las Artes marciales”.

Comprendiendo esto y sabiendo que las efectivas técnicas a aplicar serán muy lesivas, estas sólo se aplicarán exclusivamente cuando sea absolutamente necesario, Si la situación exige que lesionemos de gravedad a a nuestro adversario, el enfrentamiento físico debe ser evitado a toda costa, pero, cuando un asaltante peligroso o un grupo de maleantes violan todas las reglas de la honestidad y la decencia al atacarnos, ciertamente no tienen derecho a que tengamos ninguna consideración hacia ellos, habrá que dar buena cuenta de las personas que injustamente quieren lesionarnos o atracarnos. En tal caso nuestro bienestar no deberá estar sujeto a los propósitos de nuestros atacantes, por lo que deberemos estar preparados para esa grave situación inesperada, cuando el enfrentamiento, tal vez a vida o muerte, es inevitable.

Durante el enfrentamiento tendremos que adaptarnos a las situaciones adversas que se den en cada momento. En los primeros instantes, sobre todo si vemos que la diferencia corporal es mucha, no tenemos mucha experiencia marcial o desconfiamos de nuestra pericia, deberemos protegernos con una guardia alta y “sumisa” para que el adversario se confíe, si este ve ante sí una víctima que baja la cabeza y se la agarra con las manos diciendo con voz temerosa “por favor, no me pegue”, bajará su guardia mental creyéndole ya vencido. Después atacaremos repentina e inusitadamente con los “martillos” formados por nuestras manos cerradas, ya que de esta forma podremos producir dolor en el adversario pero no lo tendremos nosotros por muy grandes que sean los impactos, pues si lo hiciéramos con los nudillos podríamos lesionarnos en el caso de propinar un golpe defectuoso; cuando ya estemos más calmados después de los primeros instantes ya podremos golpear con los nudillos, pues al estar más centrados psicológicamente podremos aplicar nuestros golpes de forma más técnica y efectiva.

Durante todo el enfrentamiento modificaremos constantemente nuestra situación corporal mediante desplazamientos posicionales o espaciales, esquivando los ataques del enemigo. Recordemos que las bases técnicas del desplazamiento nos indican que existen principalmente estos dos tipos: el posicional, que es cuando no movemos los pies del suelo y usamos el movimiento del cuerpo basculándolo y cambiando la presión en los apoyos basales, esto es, apoyando más peso en un pie que en otro; y el espacial, que es cuando, además de usar el movimiento corporal, principalmente damos un paso por pequeño que este sea.

Es importante que el desplazamiento evasivo sea lo más reducido posible mientras que sea eficaz, pues desperdiciaremos menos energía corporal, economizándola, permaneciendo cerca del agresor con el fin de contraatacar eficazmente. Por ello, utilizaremos como primera opción el desplazamiento posicional para realizar una esquiva parcial, esto es, sólo desplazando el cuerpo mínimamente y cambiando ligeramente la distancia con respecto a nuestro agresor, mientras que el desplazamiento espacial lo reservaremos cuando hagamos una esquiva total, esto es, cuando demos un paso lo haremos cuando no haya más remedio o cuando queramos desequilibrar al adversario cuando observemos que está firmemente asentado sobre sus pies de apoyo y si nos alejamos no frena el golpe lanzado sino que se apoya en él, por lo que su centro de gravedad se desplazará hacia adelante. Esto lo podremos aprovechar además para realizar un barrido o una proyección.

La esquiva total con desplazamiento espacial, la realizaremos cuando ignoremos el objetivo del ataque de nuestro adversario (superficie de impacto o presión) y sólo conozcamos el radio de acción de éste estudiando la trayectoria del ataque (rectilínea, circular, frontal, descendente, ascendente…). La ventaja de este método es la seguridad aunque sólo sea momentánea.

Las aplicaciones de esquiva parcial se realizarán cuando intuyamos el objetivo del ataque, retrasando así solo la parte corporal afectada. La ventaja es la proximidad de las partes no retrasadas para un factible contraataque defensivo.

Por todo ello, deberemos entrenar las técnicas de Defensa Personal Íntegra sobre todo en distancia corta, pues si nos acostumbramos a hacerlo en distancia larga o, durante el entrenamiento, nuestro compañero comenzara el ataque simulado desde esa distancia, para atacar dando un paso y situarse en distancia media o corta, no estaremos acostumbrados a la situación de defensa dentro de espacios reducidos, como pudiera ser el caso del enfrentamiento dentro de una cabina de ascensor; mientras que si estamos acostumbrados a defendernos en distancia corta, cuando el adversario se encuentre situado en zona más alejada y tuviera que desplazarse hacia nosotros para atacarnos estaremos muy cómodos en la defensa, ya que si nos acostumbramos a lo difícil lo fácil saldrá sin pensar, aunque hay que reconocer que cuanto mayor sea la distancia entre nosotros y el agresor en los instantes previos, y cuanta más movilidad dispongamos para la defensa, mayor seguridad tendremos en ella.

En la siguiente entrega indicaré una serie de consejos prácticos para usar durante el enfrentamiento.

F. Javier Hernández.

Continuará en el blog la semana que viene.

 

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