Defensa personal íntegra (parte 7)

En esta entrega hablaré de la huida, en todos los casos, una opción mejor que el enfrentamiento, pero de resultados inferiores a la evitación, ya que para huir debemos tener una buena forma física y ningún impedimento que nos estorbe o imposibilite.

defensa personal integra

El dolor producido durante la defensa

En defensa personal íntegra lo ideal es acabar con las acometidas del adversario lo antes posible. Lo más efectivo sería producir su inconsciencia o, al menos, producir una impotencia funcional que le impida movilizar sus miembros en el ataque, ya que si logramos esta parálisis parcial momentánea, o simplemente frenemos sus acometidas, podremos intentar reducirle o dejarle inconsciente sin más complicación.

Para lograr esto debemos recordar siempre que el cuerpo humano es una máquina maravillosa, perfecta en su diseño, pero que como toda máquina de complicado diseño tiene fallos estructurales, los cuales, estudiándolos a fondo, pueden ayudarnos en la consecución de una fácil y rápida victoria en una situación límite, a veces sin apenas hacer daño a nuestro agresor.

Este concepto no es nuevo, en China se conoce con el nombre de Tieh-Hsueh, al arte del ataque a los puntos vulnerables, que se dividen tradicionalmente en cinco grupos principales:

  1. Puntos que una vez atacados pueden provocar mareos, desequilibrios e incluso desvanecimientos (Houen Hsueh). Por ejemplo: el punto Sseu tsiao (Mikazuki en japonés), situado en la mandíbula, a la altura del segundo molar.
  2. Puntos que pueden provocar mutismo, esto es, una incapacidad parcial o total del adversario (Hia Hsueh). Por ejemplo: el punto Kien kin, situado en el nervio que se halla a tres dedos de la clavícula, en el “sendero” entre el pecho y el brazo, que produce una fuerte impresión de calambrazo.
  3. Puntos que pueden provocar una parálisis localizada y parcial de la zona afectada, localizada y total de la zona afectada, o general de una parte del cuerpo. La sensación de la víctima puede ir desde un simple hormigueo en la zona, hasta un gran calambre paralizante, pasando por un adormecimiento general del área afectada (Ma Hsueh). Por ejemplo: el punto T’ien tchou, situado en el cruce de la línea de la oreja con la línea del pico del hombro, al golpearlo el brazo se paraliza y existe la posibilidad de un intenso dolor en el pectoral mayor.
  4. Puntos vitales, cuyo ataque, casi siempre por golpe, puede producir la muerte de la víctima (Sieu Hsueh).
  5. Puntos que producen complicaciones múltiples, cuyo efecto diferido puede llegar incluso a la muerte del sujeto (Mou Hsueh). Estos puntos, curiosamente, solo serán plenamente efectivos más que durante unas horas determinadas al día; si son atacados en el momento idóneo ocasionan desórdenes muy graves, actuando progresivamente en todo el organismo; uno de estos puntos es el mal llamado “golpe de muerte lenta”.
    De todos ellos deberíamos desechar los dos últimos grupos pues atacarles supondría la muerte del adversario, cosa que deberemos evitar por todos los medios. Del resto, para evitar un mal uso, solo he indicado a modo de ejemplo algún punto fácilmente localizable, si alguien quiere saber donde está el resto deberá aprenderlo de manos de un maestro en Artes Marciales, que además le inculcará los valores morales necesarios para frenar su uso indiscriminado.

Lo que en todo caso si podremos hacer es causar dolor, recordando que siempre será mejor producir un dolor intenso que haga desistir al adversario en vez de producirle un daño que pueda provocar efectos indeseables transcurrido un tiempo después, ya que lo importante en la defensa es la inmediatez.

El dolor además lo usaremos para provocar respuestas en el adversario, como pueden ser desequilibrios, movimientos… incluso a hacer que descubra otras áreas dolorosas, pero no debemos olvidar que nosotros también podremos recibir dolor.

Como los nociceptores, y las terminaciones nerviosas que transmiten el dolor, solo responden a los cambios por encima del umbral del sistema, si vamos ampliando el umbral del dolor y nos vamos haciendo tolerantes a el, podremos aguantar más el castigo que nos podrá infringir el adversario, por ello es importante acostumbrarse al dolor durante el entrenamiento ya que hay que perderle el miedo, para ello deberemos instruirnos en un dolor moderado y controlado, incluso el habituarnos a una ligera asfixia producida por la estrangulación no estaría de más.

A la hora de golpear, y ser más efectivos en nuestra defensa personal íntegra, deberemos tener en cuenta los siguientes puntos:

  • Golpear potentemente en las “lomas musculares”, esto es, en las zonas más elevadas de los músculos grandes, puede provocar la impotencia funcional antes referida en el grupo Ma Hsueh del listado de los puntos vulnerables, esto es, la parálisis temporal del miembro en cuestión o, al menos, que este pierda fuerza y velocidad de golpeo. Son los casos en los que golpeamos la parte más elevada del bíceps y el tríceps, incluso en la parte lateral del muslo, pues quedará afectado temporalmente el nervio que envía el impulso eléctrico que permite contraer el músculo en cuestión.
  • Presionar firmemente en los “valles perimusculares y periarticulares”, esto es, en las zonas situadas junto a las inserciones de los músculos y los ligamentos que inervan la articulación, puede provocar un vivo dolor e incluso llegar a paralizar la zona. Por ejemplo, si presionamos en el vértice de la “V” formada por el pulgar y el índice produciremos un ardiente dolor en toda la zona (se corresponde con el punto Hou keou, Shuko en japonés), y si presionamos en la parte interna del pliegue del codo, además de producir un lacerante dolor en la zona, como efecto colateral, la mano perderá fuerza, por lo que nos vendrá muy bien en el caso de tener que desarmar a nuestro oponente (el punto exacto es el Kiu tche, Chukitsu en japonés).
  • Los golpes en la nariz, ya sea en el tabique nasal o en su zona ósea, son muy efectivos, pues producen un dolor molesto y congestivo que impedirá respirar con naturalidad a nuestro agresor, además, hará que los ojos le lagrimeen haciéndole desenfocar su visión y logrando con ello que sus golpes posteriores serán menos certeros.
  • Por otra parte, debemos ser conscientes de que la excitación de los centros receptivos del dolor se hace mayor a medida que el estímulo doloroso persiste, llevando a la zona a una condición llamada hiperalgesia, por lo que un castigo repetido sobre una misma zona se vuelve insoportable aunque un solo golpe fuera aguantable, por ello es una buena estrategia el uso de lo que podríamos denominar como “repiqueteo”, esto es, golpear repetidamente la misma zona pues de esta forma el músculo quedará sensibilizado.
  • Además, debemos saber que un músculo, ante un traumatismo lo que hace es escudarse, esto es, tensarse para evitar que el golpe penetre en el organismo, seguidamente el músculo se relaja, por lo que si golpeamos inmediatamente en el mismo lugar, con el “escudo” debilitado, el golpe penetra mucho más y produce un mayor daño aunque el dolor sea prácticamente el mismo, si bien, en general, suele intensificarse.
  • También podremos usar el ritmo cardíaco en nuestro favor. Sabemos que este se compone por la sucesión regular de la sístole (fase de contracción) y la diástole (fase de relajación) de la musculatura del corazón, pues bien, si golpeamos directamente y de forma percutante el área cardiaca o una arteria principal (como por ejemplo: la arteria carótida del cuello) durante la fase diastólica podremos provocar una arritmia, esto es, una alteración del ritmo cardíaco, que causará inmediatamente una falta de tensión sanguínea que debilitará momentáneamente el organismo, podrá causar mareo en el adversario e, incluso, podrá llegar hasta la pérdida de la consciencia. Como es muy difícil intuir el momento justo de la fase diastólica, podremos usar la técnica del “repiqueteo” anteriormente referida para que al menos uno de los golpes impacte en el momento oportuno.

LA PÉRDIDA DE LA CONSCIENCIA

Como ya he indicado, el conocimiento del Tieh-Hsueh chino (llamado Dim Mak en cantonés, Kyûsho en japonés, Keupso en coreano, o Huyet en vietnamita) es muy difícil de adquirir, pero si indicaré algunas formas de dejar inconsciente a nuestro adversario sin muchos problemas subsiguientes, aún sin saber la localización exacta de los Hsueh men, que es como se denomina a los puntos de los meridianos que deberían atacarse.

A la pérdida de conciencia producida por traumatismo se le suele conocer con el popular nombre de K.O., el “fuera de combate” de los deportes de contacto, y en realidad se trata de un síncope producido por traumatismo, ya sea por golpes acumulativos o por un solo golpe bien colocado.

Las causas más frecuentes (aunque no únicas) son las siguientes:

  • Golpe en el cráneo, al nivel de las suturas craneales de las sienes, que produce un golpeo del cerebro contra las paredes intracraneales. Es la típica caída del sujeto con las rodillas flojas, pues los músculos de las piernas se relajan como efecto colateral.
  • Golpe percutante en la nuca, sobre el bulbo raquídeo, que produce un grave shock cerebral.
  • Golpe violento en el mentón o en la circunferencia maxilar, que produce un golpeo cerebral intracraneal, con caída del sujeto con las rodillas flojas.
  • Golpe en cualquiera de las caras laterales del cuello (sobre la vena yugular o la arteria carótida, o sobre ambas a un tiempo) que provoca una caída de la tensión sanguínea.
  • Golpe en la zona traqueo-laríngea, que produce un shock traumático.
  • Golpe explosivo a nivel del pericardio (corazón) que produce una taquicardia con falta de tensión sanguínea.
  • Golpe percutante en el plexo solar que provoca un fallo diafragmático.
  • Golpe penetrante a nivel del epigastrio (o “boca del estómago”) que provoca un colapso diafragmático.
  • Golpe violento y penetrante en la zona hepática (hígado), que produce un shock traumático.
  • También puede ocurrir por una compresión en la zona traqueo-laríngea y en los laterales del cuello, mediante una técnica de estrangulación.

Es importante saber que existe también un síncope sin pérdida aparente de conocimiento ni, lógicamente, con caída del sujeto afectado; es el caso de lo que en Boxeo inglés se denomina como “groggy”, en el cual el sujeto se encuentra en un estadio inmediatamente anterior al síncope con pérdida de conocimiento. En defensa personal íntegra es bueno conocer los síntomas de este hecho pues, aunque el sujeto no sea consciente de su estado, podremos aprovecharnos de ello, ya que un sencillo movimiento de su cabeza (simplemente obligarle a girar el cuello hacia un lado) le provocará la aparición del síncope.

Hay que saber detectar el momento, pues si no lo aprovechamos, el adversario se puede librar del síncope simplemente dejando pasar unos instantes, lo suficiente para recuperarse. La señal a la que me refiero es lo que en Boxeo se denomina como “talonamiento plantar”, en la cual el sujeto se mantiene erguido, en pie, pero tan solo apoyando los talones en el suelo, manteniendo las puntas de los pies ligeramente alzadas.

Cuando detectemos que el adversario está “groggy” podremos controlarle y reducirle con técnicas de lucha cuerpo a cuerpo, si valoramos que esa es la mejor forma de concluir la defensa; esto se hará exclusivamente cuando el adversario sea solo un individuo y haya personas cercanas que nos puedan ayudar a mantenerle controlado hasta la llegada de la autoridad.
En todo caso hay que tener mucho cuidado con las técnicas de desvanecimiento, no por producir la citada pérdida de consciencia (el síncope), sino porque la caída posterior puede provocar en el adversario lesiones graves al caer descontroladamente, y hay que recordar que la ley nos hace responsables no solo de nuestras acciones sino también de los resultados de nuestras acciones. Por todo ello, deberíamos optar por las técnicas de desvanecimiento que producen en el adversario una caída con relajación de las rodillas, pues caerá de forma menos peligrosa, como un edificio demolido, no como un árbol derribado.

LA TÉCNICA DE GOLPEO

Nuestros ataques en defensa personal íntegra pueden ser por medio de golpes, presiones, torsiones, etcétera, todos ellos dirigidos o aplicados, como ya he indicado con anterioridad, a zonas precisas de la anatomía del adversario que son más vulnerables que otras.

Para ser lo más efectivos posible, lo ideal sería concentrar la energía de un golpe o presión a gran velocidad y con suma precisión, sobre el punto o zona vulnerable elegida. Con esta fórmula tendremos que tener en cuenta las siguientes consideraciones:

Precisión del golpe

Es decir, la localización exacta e instantánea del punto o zona vulnerable, los cuales deben ser conocidos de tal forma que su ataque sea prácticamente instintivo, pues en la práctica no daría tiempo a localizarlos de forma consciente. El ataque, ya sea por golpe o presión, debe ser exacto, y para conseguir esto deberemos practicar y ejercitar el ataque a cada una de las zonas vulnerables durante innumerables horas, hasta que la precisión sea instantánea y totalmente efectiva.

Concentración de la energía

Cuando golpeemos esta concentración consistirá en movilizar toda nuestra energía corporal para canalizarla correctamente hacia el blanco, esto es, todo nuestro ser debe lanzarse con el golpe o la presión. Esta sensación de explosiva transmisión de energía en el cuerpo del adversario, durará tan solo una fracción de segundo durante el cual toda nuestra energía física y mental estará concentrada en el punto de impacto o presión, es lo que los chinos denominan dun keng, y los japoneses kime.

En el caso de presión de punto vulnerable, lo más eficaz es hacerlo con la menor superficie posible, lógicamente la punta de los dedos (y no con las yemas, cosa errónea pero muy habitual en el neófito); mientras que en caso de golpeo lo más eficaz es, además de golpear con la menor superficie posible, el hacerlo con los miembros superiores mejor que con los inferiores, pues si lo hacemos con las manos podemos asegurar perfectamente los pies en el suelo, con lo que la posición se convierte en una sólida base inamovible desde la cual el golpe lanzado se realiza con la máxima eficacia pues, de esta forma, la energía cinética acumulada se trasforma con el impacto en una onda de choque devastadora.

Velocidad de aplicación

Esto lo sabemos por las nociones de física aprendidas en los años de educación colegial: la energía es igual a un medio de la masa de la velocidad al cuadrado, o lo que es lo mismo, la energía de una masa que se desplaza crece exponencialmente al aumentar la velocidad, por ello, cuanto mayor sea la velocidad mayor será la potencia de golpeo y, por ello, el daño que recibe nuestro adversario.

Esta es la solución a las personas que tienen poca masa muscular y son débiles; cuanto mayor sea su velocidad mayor será su eficacia.

Lógicamente, a igual velocidad cuanto mayor sea la masa muscular la eficacia del golpe se multiplica, pero si estudiamos detenidamente la fórmula veremos que es mejor tener una mayor velocidad que una mayor masa muscular, pues la potencia del golpe se maximiza mayormente por la velocidad de golpeo y no por la mayor cantidad de masa; conclusión: hay que enfocar el entrenamiento físico con la finalidad de conseguir una mayor velocidad.

Hay que tener en cuenta también otra cuestión: si lanzamos, por ejemplo, un puño con el brazo relajado, vemos que cuando llega y golpea, aunque la velocidad se ha incrementado notablemente, lo hace apenas sin potencia pues le falta masa.

¿Qué debemos hacer entonces? la respuesta es sencilla: lanzar el puño con el brazo relajado pero en el momento del impacto tensarlo totalmente; con ello lograremos hacer una maravilla: lanzaremos el puño a gran velocidad sin apenas masa, pero en el momento del impacto, al incrementarse esta con la tensión del brazo, la energía del golpe se multiplicará notablemente.

Con un ejemplo sencillo se puede comprender mejor lo que acabo de exponer: si dejo caer un palo de escoba sobre mi brazo desde la altura de un metro, por mucha que sea la masa de la madera esta me producirá un dolor mínimo; pero si cojo una goma elástica, con muchísima menor masa, la estiro y suelto uno de los extremos contra el brazo, el dolor es mucho mayor pues ha llegado con una gran velocidad y se ha tensado en el instante de golpear el brazo. Esto en la práctica significa que la contracción muscular debe ser realizada justamente en el momento del golpeo.

Esta regla no debe observarse solo en cuanto a golpes sino también cuando realicemos algún tipo de presión, ya que la mano que realice la técnica debe salir disparada hacia el objetivo y presionar en cuanto llegue, de esta forma se sumará a la fuerza de los dedos el vector de fuerza cinética resultante, con lo que la técnica será mucho más efectiva.

Con todo lo dicho en este y anteriores artículos ya tenemos el suficiente conocimiento como para enfrentarnos a nuestro o nuestros adversarios, que es lo que comenzaré a exponer en la siguiente entrega de esta serie de artículos sobre defensa personal íntegra.

 

F. Javier Hernández.

Continuará en el blog la semana que viene.

 

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