MIEDO y Artes Marciales

MIEDO y Artes Marciales

miedo y artes marciales

Miedo y Artes Marciales

“Su nombre ha sido anunciado por los altavoces, en breve saldrá a competir, sus movimientos comienzan a ser constantes, un hormigueo extraño invade su estómago, sus pupilas se dilatan, las palpitaciones del corazón se hacen tan fuertes que dan la impresión de oírse, la respiración cada vez es más rápida y agitada, una gran sequedad se hace dueña de la garganta mientras que las manos se vuelven sudorosas…”. Algunos definen estos síntomas como nerviosismo, otros lo llaman simplemente por su nombre… “miedo”.

Se puede sentir en numerosas y diversas circunstancias de nuestra vida: ante una entrevista de trabajo, una actuación, en la sala de un hospital, etc. Pero como Dragonz es una revista de Artes Marciales, lo enfocaremos hacia este campo.

Por regla general, cuando alguien se inscribe en un gimnasio lo que busca es saber defenderse ante las posibles contrariedades que puedan ocurrir.

Es increíble la ilusión con la que todo el mundo empieza, pero una vez que se está dentro del Dojo se dan cuenta que el camino es largo y difícil…Para aprender hay que mojarse, porque al pelear no solo se da, sino también se recibe, sobre todo cuando el contrario es mejor que nosotros, tiene más experiencia o simplemente es más hábil.

El resultado es que con el tiempo se coge miedo, y se elude, en la medida de lo posible, el que esto vuelva a ocurrir. También ocurre esto cuando se ha de poner en práctica en la realidad, lo que se sabe, pero en la calle.

Resulta que hay algo que nos paraliza, y el protagonista vuelve a ser el miedo. Supongo que para algunos puede resultar inexplicable el que ante ciertas circunstancias, es el miedo lo que les hace reaccionar, les produce el ser más agresivos y son mejores y más rápidos que cuando pelean en el gimnasio, mientras que hay otros casos que por el contrario, en el gimnasio son muy buenos, pero a la hora de pelear en la calle no utilizan ni mucho menos la mitad de su destreza en el combate.

Para todo esto existen explicaciones. Científicamente, el miedo viene motivado por una hormona la cual se define como “adrenalina”, y es conocida por la hormona de la emoción. En términos médico-biológicos la adrenalina es una hormona que se desarrolla en las glándulas suprarrenales (etimológicamente “Ad” significa “junto”, y “Renalis” significa “riñón”) y en las fibras nerviosas pos ganglionares. Es una de las pocas hormonas cuya fórmula se conoce con exactitud: C9H13Mo3, y que hoy en día es posible el obtenerla de forma sintética.

Su función fisiológica es la de contribuir a la contracción de las arterias para provocar la vasoconstricción. La constricción de los vasos capilares puede resultar tan fuerte que deje la piel y las mucosas casi sin irrigación sanguínea (por eso, debido al miedo o el furor, muchas personas se quedan de repente pálidas). De esta manera, desde un enfoque marcial, cualquier corte o herida poco profunda que se produzca en tal situación no provocará apenas ninguna pérdida sanguínea, con las consecuentes ventajas energéticas y psicológicas. Pero, a la par que produce esta vasoconstricción capilar, la adrenalina provoca también la dilatación de los vasos sanguíneos de los músculos y aumenta la presión de la sangre acelerando las palpitaciones del corazón, por lo que esta irriga con mayor abundancia los músculos preparándolos así para un esfuerzo físico excepcional, fuera de lo común, ya sea para huir, para defenderse o para agredir. En este mismo sentido, cuando la adrenalina se vierte en la sangre, el glucógeno que el hígado tiene en reserva se convierte en glucosa, la cual es inyectada directamente en la musculatura del individuo asegurando así un aporte extra de energía ante la expectativa de un sobre-esfuerzo.

En cuanto a otros efectos secundarios, la adrenalina también provoca la dilatación de la pupila (para asegurar una mayor capacidad de atención visual) y aumenta la segregación de saliva y de sudor Una vez vistos a muy grandes rasgos los factores y efectos fisiológicos que rodean a esta peculiar hormona, no podemos por menos que admirar la sabiduría de la naturaleza: el complejo mecanismo biológico activado por esta hormona es el resultado de millones de años de evolución animal, de desarrollo y refinamiento de los mecanismos de supervivencia individual. La adrenalina y todos los procesos que la rodean tienden a un mismo fin: preparar el cuerpo y la mente para afrontar con la mayor eficacia posible una situación de peligro.

En el terreno de la psicología el fenómeno se complica pues, paradójicamente, una misma hormona y unos mismos fenómenos fisiológicos pueden despertar tanto el pánico paralizante como una tremenda agresividad hiperactiva.

Lo que hay que entender es que la adrenalina no provoca ni determina un esquema de conducta pre-establecido (nuestra psique no es un programa de ordenador que a tal tecla hormonal conecta ineludiblemente tal respuesta conductual). El viejo esquema psicológico conductista de Estímulo-Respuesta ya está bastante superado por lo admitimos que, ante el estímulo químico de la adrenalina se pueden producir varias respuestas conductuales por parte del individuo: muy básicamente, tanto el miedo como la agresividad. Ambas conductas, por contradictorio que parezca, responden a una misma necesidad: la supervivencia ante una situación de peligro.

Se conoce la existencia de la adrenalina desde 1898, y el primero que la descubrió y trató con ella es el judío Jhon Jacob Abel, que la denominó Epinefrina. En 1990, la aisló Yukichi Takimin, y en 1903 la sintetizó Friedrich Stolz. Hasta que años más tarde se popularizó por el nombre de adrenalina.

El caso es que dependiendo la adrenalina que pueda segregar las cápsulas suprarrenales, se prepara al organismo para hacer un gran esfuerzo, se le hace adquirir tal estado de tensión, que el cuerpo se dispone a hacer ciertos tipos de esfuerzos que sin la segregación de esta hormona, sería totalmente incapaz de poderse realizar. Gracias a la segregación de esta hormona, los practicantes de Artes Marciales, por hablar en nuestro campo, son capaces de aguantar y absorber ciertos golpes que en un estado normal el organismo no podría tolerar.
Un ejemplo de todo esto puede ser cuando se presencia un combate de Boxeo, Kick Boxing, Thai Boxing, Savate, MMA etc. Realmente nos quedamos asombrados por la capacidad de aguante del organismo ante ciertos golpes, los cuales en su mayoría, en circunstancias normales, provocarían el K.O. o graves lesiones.

Digamos que esto puede ser el caso extremo del tema, pero ocurre, y sin ir más lejos, en el gimnasio, cuando se acude como mero espectador y se ve la clase desde fuera; a la hora de hacer combate, parece que los golpes que se propinan nuestros propios compañeros son mucho más fuertes que cuando nosotros estamos peleando. Inclusive a nuestros rivales habituales los vemos mejor de lo que realmente puedan ser.

La explicación es bien sencilla, gracias a la segregación hormonal de adrenalina, el cuerpo se ha preparado para dar y recibir golpes, que en circunstancias normales no se sería capaz de realizar. Metafóricamente hablando, es como un “coraza” que posee el organismo, el cual, dependiendo de la adrenalina segregada, será capaz de realizar ciertos actos.

Existen numerosos relatos y estudios científicos que demuestran que a veces, gracias a esta hormona, es capaz de realizar cosas increíbles, como mover grandes pesos, romper objetos con nuestro cuerpo mucho más duros que él, etc. Lo cierto es que no se puede dominar la segregación de esta hormona.

Dentro del ámbito marcial se puede perder el miedo al combate cuando se convierte en una rutina, al igual que ocurre con la Defensa Personal, que se llega a un nivel en el que se tiene totalmente asimilado y sólo vuelve a aparecer cuando se alteran ciertos factores (alguien con una calidad muy superior a la nuestra o una reputación que le precede, etc).

Por esto, y a modo de colofón final, puedo decir a todos los lectores que nos escriben aludiendo a la forma de quitarse este “visitante” del estómago, que la mejor forma de hacerlo es combatir hasta que se haga rutina aquello que nos asusta. Por supuesto que la teoría es fácil, lo difícil es la práctica, por lo que ha de recordar “valiente no significa no conocer el miedo, significa conocerle y saberle dominar”. Empiece hoy mismo su lucha.

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