Defensa personal íntegra (parte 5)

Defensa personal íntegra (parte 5)

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Dolor

Si preguntáramos a todas las víctimas de una agresión por qué no se enfrentaron a sus agresores, la mayoría admitirían que tenían miedo, un miedo que les impidió huir o defenderse.

Cuando ahondamos en el problema vemos que el miedo sentido en realidad no era a la situación violenta ni a los violentos, no, el miedo que impidió el enfrentamiento fue miedo al dolor y al sufrimiento corporal (lo que en psicología se llama algofobia), sin pensar la víctima que la sumisión le generaría el dolor que quería evitar desde el principio, mientras que con el enfrentamiento tendría menos probabilidades de recibir el, por otra parte, inevitable dolor.

Hay que pensar que el dolor, aunque molesto, no deja de ser un poderoso aliado que podemos usar en nuestro beneficio, pues también lo podemos provocar nosotros en el adversario en el momento de la defensa, y además nos ayudará a cuantificar el alcance de una lesión no solo en el momento de la defensa, sino también en las sesiones de entrenamiento, por lo que si adquirimos un profundo conocimiento del mecanismo del dolor, ya que no podremos evitarlo, si podremos controlarlo y aprovecharlo adecuadamente.

Está demostrado que todos los seres vivos con posibilidad de desplazamiento y sistema nervioso central siente alguna forma de dolor, lo cual demuestra que este es un mecanismo de defensa con una clara función adaptativa que evolucionó con el fin de preservar al organismo de un peligro que amenaza su vida o su integridad física.

Las teorías evolucionistas nos enseñan que si un ser vivo habita en un entorno peligroso, con su integridad física, e incluso su existencia, continuamente amenazada, su sistema nervioso se tornará cada vez más sensible a esas amenazas con el fin de comunicarle que debe abandonar urgentemente ese ambiente hostil en el que se encuentra, en el caso de no hacerlo el sistema nervioso se regulará para trasmitir una sensación molesta y desagradable para indicarle la urgencia de la traslación; en el caso de persistir la reticencia a cambiar la situación la respuesta dolorosa se tornará cada vez más intensa hasta conseguir que el individuo se traslade; una vez acabada su función la intensidad del dolor irá disminuyendo hasta su paulatina desaparición.

En suma, la función fisiológica del dolor es señalar al sistema nervioso que una zona del organismo está expuesta a una situación que puede provocar una lesión o la muerte del sujeto. Como veremos más adelante, esta señal de alarma desencadenará una serie de mecanismos cuyo objetivo estará encaminado a evitar o al menos limitar los daños.

Todos los seres vivos comprenden el significado del concepto del dolor a través de la experiencia personal, y con el aprenden la ventaja de la prevención, pues el cerebro le advierte que si sobrevive a aquello que le produjo dolor no debe volver a hacer lo mismo que hizo con anterioridad si no quiere pasar por el mismo trance desagradable. Por ello, con el mecanismo del dolor cualquier ser vivo evitará aquello que le puede perjudicar, herir o lesionar, mientras que si no existiera la posibilidad de daño estaría presente en todo momento y podría lastimarse gravemente sin saberlo; por ejemplo: si no existiera el dolor podríamos mantener un brazo dentro del fuego hasta que este se incinerara, mientras que con el enseguida lo retiramos con celeridad y salvamos el miembro.

Como ya he indicado anteriormente, hay que ver al dolor como un aliado, como un protector, como un sistema de alarma de cuádruple función; por un lado nos permite huir del peligro, alejándonos de la peligrosa fuente que pueda ocasionar nuestra muerte o el menoscabo de nuestra integridad física; por otro nos obliga a mantener alejadas de cualquier riesgo todas las parcelas de nuestro cuerpo; además, médicamente, puede alertarnos y ayudarnos a localizar un problema de salud que podrá diagnosticar un médico que prescribirá un adecuado tratamiento; y, finalmente, nos obliga a permanecer en reposo una zona lesionada para facilitar su pronta recuperación.

LA DEFINICIÓN DEL DOLOR

A lo largo de la historia el concepto del dolor ha estado rodeado de superstición y suposiciones erróneas, no es hasta el siglo XIX que no se obtiene información real y veraz mediante el estudio de la fisiología, y ya en el siglo XX se lograrían los suficientes conocimientos como para crear una especialidad científica llamada algología, que tiene como fin el estudio del dolor.

Aún así es muy difícil una definición exacta que convenza a todos los expertos, pues es una sensación muy subjetiva que tiene múltiples causas y diversas características anatómicas y fisiopatológicas en la que incluso confluyen aspectos psicológicos y culturales, siendo la terminología empleada para describirla fuente permanente de confusiones y conflictos.

Por ejemplo, la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor lo define como “una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada con daño tisular real o potencial o descrito en términos de tal daño”. En este artículo solo hablaré del dolor físico, mientras que el dolor emocional producido por sufrimiento anímico o por un sentimiento triste no será tratado aquí.

En palabras un poco más compresibles, dolor es una percepción sensorial compleja, localizada y subjetiva que puede ser más o menos intensa, molesta o desagradable, que se siente en una parte del cuerpo como resultado del estímulo de unas terminaciones nerviosas sensitivas especializadas en su recepción llamadas nociceptores, que son los detectores de la señal nociva.

Todos los seres vivos con sistema nervioso pueden recibir el mismo estímulo doloroso, pero no todos lo sufren de igual manera, siendo la sensación dolorosa muy subjetiva e imposible cuantificar y medir la intensidad sufrida por un individuo en particular. Curiosamente, según aseguran muchos expertos, las mujeres se recuperan más rápidamente del dolor, pues tienen una óptima actitud para enfrentarlo que proviene de su capacidad de procreación, y además buscan ayuda más rápidamente para aliviarlo, no dejan que el dolor controle sus vidas.

EL MECANISMO DE PRODUCCIÓN

En realidad el dolor no se genera en los tejidos donde se ha producido el estímulo agresivo, sino que la sensación surge en el cerebro tras recibir las señales sensoriales que le llegan, las interpreta y actúa en consecuencia. Igual que los ojos no generan la visión, sino que son simples fotorreceptores que captan la luz, la convierten en información bioeléctrica y la envían al cerebro que es el que, con esos datos y la experiencia acumulada, construye dimensiones, proporciones, distancias, colores… con el dolor ocurre lo mismo, por ello podemos mitigar el dolor si interrumpimos de cierta forma la comunicación entre la zona afectada y el cerebro.

Como ya he indicado, la función fisiológica del dolor es alertar al cerebro que una zona del organismo está expuesta a una situación que puede provocar una lesión, con el propósito y objetivo de evitar o limitar los daños, siendo la intensidad de la sensación dolorosa proporcional a la peligrosidad del daño que puede producir en el organismo.

Cuando, por ejemplo, recibimos un golpe, se estimulan unos receptores diseminados por todo el cuerpo denominados nociceptores, los cuales detectan cualquier variación física, térmica o química nociva para los tejidos y desencadenan una serie de impulsos eléctricos que viajan en décimas de segundo desde éstos a los conductos nerviosos de la médula espinal gracias a una sustancia bioquímica neurotransmisora (la llamada sustancia P) que trasmite el impulso nervioso doloroso entre el nociceptor y el conducto nervioso.

La médula espinal actúa como un centro de transmisión de dichas señales sensoriales, las cuales pueden ser bloqueadas, aumentadas o modificadas antes de transmitirse inmediatamente al cerebro, el cual las interpreta y genera la percepción del dolor, decidiendo al mismo tiempo si el cuerpo debe tener algún tipo de reacción.

El destino de las señales dolorosas es el tálamo, que es el área cerebral sede de la propiocepción, esto es, donde el cerebro almacena la compresión corporal y es clave en la transmisión de información entre el cerebro y el cuerpo; es tan fuerte la representación corporal que tiene el tálamo que las personas amputadas tienen sensaciones, incluso dolorosas, en el miembro inexistente (es el llamado dolor del miembro fantasma). Del tálamo se trasmite la información a la corteza cerebral, sede de los pensamientos más complejos. El cerebro, con la información recibida, podrá dar una orden de respuesta involuntaria y automática para evitar aquello que amenaza la integridad física, por ejemplo, retirando la mano de una llama, es lo que se llama un acto reflejo, esto es, realizar una respuesta física inmediata a un estímulo.

Esta percepción del dolor, al ser muy subjetiva, depende mucho de la persona, difiriendo mucho entre diferentes personas aún teniendo el mismo estímulo, pues está influenciada por la experiencia que esta haya tenido con anterioridad, aunque siempre a una acción lesiva le seguirá una reacción dolorosa, más o menos intensa.

La sustancia P, anteriormente citada, es un neuropéptido ubicado dentro del sistema nervioso central y periférico que está especialmente involucrado en la percepción del dolor, pues es la responsable de trasmitir la información sensitiva desde el receptor nociceptor a los receptores nerviosos, por lo que si esta no existiese la sensación dolorosa no llegaría al cerebro, y esto pasa finalmente, ya que si la emisión de esta sustancia se alargara en el tiempo la molesta sensación desaparecería al no estar en vigor el “mensajero” (esto es, se agota la producción del la sustancia P) y por ello no llega la información al “destinatario”. Esto es muy importante a la hora de mitigar el dolor producido en el entrenamiento, como indicaré en su momento.

TIPOS DE DOLOR

Principalmente habría que distinguir entre dos tipos básicos de dolor: el dolor neuropático o crónico nervioso, causado por problemas neurales graves para los pacientes, y el dolor nociceptivo, producido como respuesta al estímulo de los receptores nociceptores, que serían el resto y son los que pueden producirse en el entrenamiento y durante el enfrentamiento físico.

El dolor nociceptivo o agudo, aparece repentinamente tras un traumatismo, herida, enfermedad o lesión dérmica, o tras lesiones en estructuras somáticas profundas y vísceras, que puede acompañarse o asociarse con ansiedad o angustia emocional. Con el tiempo, una vez tratada la lesión que produce el dolor, este disminuye y paulatinamente desaparece, aunque a veces se transforma en un dolor crónico persistente que permanece durante semanas, meses o años, sobre todo si se ha lesionado un nervio periférico importante. Esto último suele ocurrir con los tratamientos oncológicos, que pueden producir neuropatías, esto es, dolores crónicos permanentes, causados por la quimioterapia.

El dolor nociceptivo, desencadenado por el sistema nervioso, puede ser agudo o sordo, intermitente o constante, pudiéndose sentirse en una zona corporal individual o ser generalizado, como los dolores musculares que se sienten cuando tenemos gripe, pudiéndose dividir en varios tipos siendo los más habituales: el dolor somático, o dolor de los receptores de la piel, músculos o articulaciones, y el dolor visceral que afecta a los receptores situados en los órganos internos.

Existen otros tipos de dolores graves producidos por enfermedad que aquí no nos interesa estudiar, como pueden ser los causados por quemaduras o por artritis y otras enfermedades inflamatorias que afectan a tejidos blandos del cuerpo como pueden ser la tendinitis o la bursitis, o los dolores de espalda producidos por las hernias de disco, o los dolores de cabeza (migrañas, cefaleas, dolor craneal o facial…).

Sobre todo lo que nos interesa saber es que los dolores producidos por traumatismos o por efectos de un entrenamiento defectuoso son de índole somático, y tendríamos que distinguir entre el dolor objetivo o impersonal, que es el que podemos causar en un adversario o nos lo puede provocar él, y el subjetivo o personal, que es el que nos podemos provocar nosotros mismos durante el entrenamiento.

EL DOLOR PRODUCIDO EN EL ENTRENAMIENTO

El dolor producido durante el entrenamiento es un dolor nocicéptico de índole subjetivo, ya que nos lo provocamos nosotros mismos por nuestras propias acciones físicas, y constituye un mecanismo de alarma con el que el organismo nos avisa de que si continuamos haciendo lo mismo llegaríamos a lesionarnos, por lo que el mecanismo del dolor nos informa que no debemos ir más allá.

Por ello debemos distinguir entre dos conceptos fácilmente confundibles: dolor y daño; todo el mundo dice: “me has hecho daño”, cuando en realidad se debería decir: “me has producido dolor”, siendo el dolor la sensación molesta mientras que el daño sería sinónimo de lesión. Teniendo esto claro, vemos que el dolor, aunque molesto, no es malo, pues, como indico, lo usaremos como sistema de alarma anterior a un verdadero problema, al avisarnos de una situación de peligro para nuestra integridad física, de que algo no funciona bien en este, previniendo o localizando lesiones, como pueden ser: esguinces, dislocaciones, fracturas, contusiones… lesiones craneales, vasculares… Pero no solo actuará como aviso de que se ha producido un daño en nuestro cuerpo, sino que nos marcará los límites previos al daño, esto es, a la lesión, por lo que es fundamental estar abiertos a los mensajes que nos llegan a través de las sensaciones, pues estas nos están “hablando” y avisando de la posibilidad de lesión.

Antes de continuar debo dejar claros otros tres conceptos importantes: el umbral del dolor, la tolerancia al dolor y el umbral de la lesión.

  • El umbral del dolor sería la intensidad mínima a partir de la cual un estímulo se percibe como doloroso, esto es, por debajo de ese umbral simplemente no hay sensación, no se siente, ya que se necesita un mínimo de estimulación para que el receptor nocicéptico envíe al cerebro el mensaje de la sensación recibida. Por otra parte, como ya he indicado con anterioridad, hay que tener en cuenta que la desagradable sensación que se percibe en base a factores fisiológicos puede variar significativamente dependiendo de la persona.
  • La tolerancia al dolor sería la intensidad del dolor máximo que podemos soportar, esto es, cuando el dolor se vuelve insoportable, en la cual están presentes factores culturales y psicológicos. Aumentando el umbral del dolor también aumentaremos la tolerancia a éste.
  • El umbral de la lesión sería la intensidad mínima a partir de la cual una lesión se manifiesta, tras ser avisado el cuerpo por el mecanismo del dolor.

El entrenamiento físico consiste en exigir cada vez más a nuestro cuerpo mejorando su rendimiento, y logrando que nuestro organismo, abandonando su zona de confort, esté cómodo con movimientos e intensidades que con una vida sedentaria no estaría habituado a realizar. La forma de potenciar nuestras capacidades físicas es a través del dolor, aprovechando los conceptos anteriormente expresados, usándolo subjetivamente para lograr superar el umbral del dolor, ampliando su tolerancia y sin sobrepasar el umbral de la lesión.

Teniendo todo esto claro (y lo que indicaré próximamente) podremos ser más efectivos en nuestro entrenamiento físico, ampliando nuestro potencial. De esta forma sabremos que, por ejemplo, el entrenamiento de la elasticidad es más cómodo en verano pues no existe tanta contracción muscular previa que en invierno, como consecuencia del frío ambiental, pero, por el contrario, acerca el umbral del dolor al de la lesión, por lo que hay más probabilidades de lesionarse; mientras que en invierno, al estar más separados estos parámetros, será más seguro trabajar la elongación en esta época, dejando la época estival para mantener lo conseguido en invierno.

Como dijo Carolina Marín (campeona olímpica y bicampeona del mundo de bádmiton): “el dolor es algo beneficioso; no hay que ver el dolor como algo negativo, sino positivo, como recompensa de lo que haces, es una molestia agradable. En el entrenamiento no hay que rendirse, hay que aumentar, con esfuerzo el umbral del dolor”.

En la siguiente entrega de esta serie indicaré los factores y métodos que atenúan el dolor.

F. Javier Hernández.

Continuará en el blog la semana que viene.

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