Defensa personal íntegra (parte 2)

Defensa personal íntegra (parte 2)

defensa personal íntegra

La huída

La huida es, en todos los casos, una opción mejor que el enfrentamiento, pero de resultados inferiores a la evitación, ya que para huir debemos tener una buena forma física y ningún impedimento que nos estorbe o imposibilite.

Estos impedimentos pueden ser de diversa índole: lesiones que reduzcan nuestra velocidad e incluso nuestra movilidad, la compañía de personas más débiles que nosotros (personas mayores, niños, etcétera) que puedan rezagarse en la huida, obstáculos insalvables, etcétera.

Huir no es de cobardes, es de sentido común, sobre todo cuando nos enfrentamos a una fuerza desproporcionada, encarnada en un adversario formidable o armado, o sean varios los agresores. Los grandes estrategas militares del pasado ya nos lo advertían: no hay deshonor en la huida, incluso desarrollaron una máxima esclarecedora que indica: “huye hoy para poder combatir mañana”.

Alnte una posibilidad de agresión, cuando no existan terceras personas a las que debamos auxiliar, podremos optar por la huida, pero antes de empezar a correr deberemos comparar intuitiva e instantáneamente nuestra forma física y la que puedan tener nuestros perseguidores, sobre todo la velocidad y la resistencia; si tras la valoración no estamos seguros de poder hacer efectiva la huida es mejor no iniciarla y prepararnos para el enfrentamiento.

Esto es muy importante, pues errar en nuestra valoración sería muy contraproducente para nosotros, ya que si iniciamos una huida y esta no es positiva, estaríamos mermados en nuestras facultades, en cuanto a cansancio y rotura de ritmo respiratorio, por lo que no podríamos defendernos adecuadamente.

FASES DE LA HUIDA

Para huir utilizaremos la carrera a la mayor velocidad posible, buscando zonas con viandantes que pudieran auxiliarnos, siendo las fases de la huida las siguientes:

  • Percepción del peligro y toma de decisión de eludirlo, analizando la dirección más segura para huir en dirección a zonas más concurridas.
  • Ejecución de un plan de fuga instantáneo debiendo realizar la arrancada de la carrera de forma explosiva y enérgica,
  • Aceleración e incremento de la velocidad hasta conseguir nuestro máximo potencial de desplazamiento…
  • Resultado de la huida.

FASE INICIAL

En la primera fase de la huida, después de comprobar que existe un peligro que debemos eludir, tendremos que valorar distintos aspectos, como son, por ejemplo:

  • Si nuestra indumentaria es adecuada para la carrera, sobre todo el calzado. Si lleváramos ropas demasiado voluminosas que nos estorbaran (sobre todo en invierno) sería un impedimento para correr con efectividad. Las mujeres además tendrán impedimentos suplementarios, como pueden ser las faldas, si son estrechas, o los zapatos, sobre todo los de tacón alto. Si nuestra ropa o calzado no fuesen adecuados abandonaríamos la idea de huir, pues mientras que nos quitamos la ropa que nos estorba, aparte de ser ilógico, el agresor podría atacarnos sin poder defendernos, ya que tendríamos las manos ocupadas y estaríamos indefensos; por otro lado, las mujeres tampoco deberían correr sin calzado, pues pueden lesionarse los pies, pero si podrán quitarse rápidamente los zapatos de tacón alto para usarlos como arma.
  • Si llevamos algo en las manos que no nos convenga abandonar y nos estorbe la carrera.
  • El terreno, su clase (cemento, hierba, arena, etc.) y su estado (humedad, desgaste, hoyos y socavones, etcétera), tanto del terreno en donde estamos emplazados en el comienzo de la huida como al que nos dirijamos.
  • El número de agresores y su distribución espacial con respecto a las posibles salidas de escape.
  • También, como ya he indicado con anterioridad, haremos instantáneamente un estudio comparativo entre la probable velocidad del agresor o agresores y la nuestra, en razón a las medidas corporales e indumentaria de ambos, siendo de especial relevancia para intuir la diferencia de velocidad la edad y forma física entre agresor y víctima.
  • Y, además, debemos ser concientes de nuestras limitaciones, sobre todo si tenemos una lesión previa que nos incapacite o merme nuestras posibilidades de escape.

Si no tenemos en cuenta estos factores es muy posible nuestra captura en las posteriores fases de arrancada o aceleración, por obstrucción del paso o por resbalón.

Para decidir la dirección de huida tendremos que valorar lo que sepamos de la zona circundante y nuestra experiencia; por ejemplo, si la zona por la que hemos venido es segura intentaremos callejear de tal forma que lleguemos a dicha zona, pero si en la zona en la que hemos estado tenía obstáculos (por ejemplo, escaleras o pavimento inadecuado para la carrera), o no había gente que pudiera auxiliarnos, tendremos que arriesgarnos a huir en otra dirección.

FASE DE ARRANCADA

En la segunda fase de la huida elaboraremos instantáneamente un plan de fuga en el momento más oportuno y ventajoso, debiendo realizar la arrancada de la carrera de forma explosiva y enérgica.

El plan de fuga contendrá dos elementos principales: los actos preliminares y la orientación de la huida, realizados, como ya he indicado, en el momento apropiado.

Inicialmente el momento más adecuado y favorable para nosotros sería en el mismo instante en el que detectamos el peligro, sobre todo si el o los agresores están a cierta distancia, pero si ya estuvieran cerca, deberíamos realizar unos actos preliminares a la carrera usando lo que tengamos a mano, para sorprender y frenar o retardar el inicio de la persecución por parte del agresor, lanzándolo contra su rostro; si hubiera más de un agresor, deberíamos lanzar el objeto contra aquel que pudiera estorbar más a sus compañeros de fechorías si se queda quieto, pensando además en la dirección hacia la cual empezamos a correr.

Lo lógico, cuando arrojamos algo a la cara de una persona es que esta cierre los ojos momentáneamente, para protegerlos, y eso es lo que aprovecharemos en esta fase de la huida. Monedas, gorra… podrán usarse con esta finalidad, incluso si el agresor no cerrara lo ojos al menos su visión quedaría interrumpida por unos instantes, cosa que aprovecharemos en nuestro beneficio.

Si portáramos un objeto grande (bolsa de deporte, maleta…) y valoremos que la huida es lo más conveniente para nosotros, deberemos lanzarlo contra las piernas del agresor elegido para estorbar su primera fase de persecución (su propia fase de arrancada).

La orientación de la huida será la más ventajosa para nosotros, por lo cual no es correcto el volvernos de espaldas para huir en la misma dirección por la que llegamos al lugar, pues en esos instantes de giro podremos ser capturados o empujados por la espalda con el fin de hacernos caer. La dirección más correcta seria en un diagonal lateral al o los agresores, pues de esta forma simplemente seguiremos prácticamente la dirección que llevaban nuestros pasos, lo cual es más efectivo que romper la línea dinámica de nuestro movimiento. Por otro lado, si hubiera varios agresores, lo lógico es lanzar lo que tengamos en nuestras manos al agresor más cercano a nuestra trayectoria de huida, pues es el que más estorbará a sus compañeros al pasar cerca de él.

Adaptaremos el itinerario de la huida según más nos convenga dependiendo de los obstáculos que nos vayamos encontrando en nuestro camino, teniendo un especial cuidado con las escaleras, las cuales deberemos evitar por todos los medios, distinguiendo dos aspectos diferenciados: si son ascendentes o descendentes.

  • Deberemos evitar subir escaleras por un motivo específico, es más lento el iniciar la subida que seguir corriendo lo cual dará una oportunidad a nuestro perseguidor, pues nuestras piernas se encontrarán accesibles ante sus manos, con la terrible posibilidad de que nos agarre un pie y nos haga caer. El terreno ventajoso (terreno elevado, loma) que preconizan los samurai en este caso es un inconveniente.
  • Por otro lado, cuando no podamos evitar las escaleras y debamos bajarlas y, además, la distancia con respecto al perseguidor sea pequeña es mejor frenar nuestra carrera lejos del inicio de los escalones para evitar caer, quedarnos y enfrentarnos como podamos, pues el bajar escaleras supone que podamos resbalar y caer o que el agresor nos empuje.

FASE DE ACELERACIÓN

La tercera fase de la huida consiste en acelerar e incrementar la velocidad hasta conseguir nuestro máximo potencial de desplazamiento, para ello deberemos enfocar todas nuestras capacidades físicas y atención en la huida, observando detallada y anticipadamente el terreno por el que vamos a desplazarnos para evitar caer.

Jamás mires hacia atrás, si el o los perseguidores están en mejor forma física que nosotros (con que solo uno lo esté será suficiente) nos alcanzarán, dará igual que miremos o no, y por otra parte si dejamos de observar el terreno que vamos a pisar podremos tropezar en cualquier momento con algún obstáculo que esté en nuestro camino.

Por otro lado, mirar hacia atrás supondrá girar el cuello, con lo que también girará parcialmente el cuerpo trabándose ligeramente la cadera, todo lo cual dará como resultado la pérdida del equilibrio y la caída, y, aún en el caso de no caer, supondrá nuestra desaceleración y posible alcance. Lo que si podremos hacer para detectar la cercanía de nuestro perseguidor es estudiar los reflejos de los cristales o las sombras.

Durante esta fase intenta usar todo lo que encuentres en tu camino para frenar o alterar la carrera del perseguidor, por ejemplo: contenedores de basura de comunidad de vecinos situados en las aceras frente a los portales; jamás lo intentes con los grandes contenedores de basura que suelen estar situados en las calzadas, pues son tan voluminosos y pesados que al agarrarlos lo que harán será frenar tu carrera con resultados nefastos. Cuando comprobemos que somos más rápidos que nuestro agresor incrementaremos la velocidad lo más posible buscando además un mantenimiento de esta que nos aleje del peligro.

Cuando existe una velocidad similar entre perseguido y perseguidor, la resistencia es la que marcará la diferencia. Si llevamos un zapato apropiado, flexible y con buena adherencia, podremos intentar que la separación sea mayor con cambios de dirección, callejeando, no yendo siempre por la misma calle, esto si, hay que evitar huir en zig-zag, ya que aunque algunos lo aconsejen es erróneo, pues si los movimientos son muy rápidos y en corto el perseguidor puede acortar por el camino recto y alcanzarnos.

En el caso de la persecución de un solo agresor, si este es más rápido que nosotros, o vemos que el alcance o captura es inminente (comprobada por las sombras y reflejos) siempre podremos frenar bruscamente al tiempo que nos agachamos con el fin de provocar el desequilibrio y la proyección del perseguidor por encima nuestro; en este caso no debemos esperar a que caiga, sino que deberemos incorporarnos inmediatamente y huir en otra dirección lateral, pues el volver por la dirección que veníamos es erróneo ya que por allí ya hemos visto que no hay ayuda.

También es erróneo seguir por la dirección que llevábamos, pues deberíamos pasar cerca del adversario caído, dándole la oportunidad de agarrarnos.

Otra posibilidad, si vemos que el agresor corre más que nosotros y que en pocos metros llegará a alcanzarnos, es que nada más doblar una esquina, en vez de seguir corriendo, frenemos nuestra carrera, nos ocultemos en el ángulo ciego de la esquina y esperemos a que llegue nuestro agresor, al cual nos enfrentaremos, recibiéndole con un golpe al que le seguirán otros, o simplemente con una zancadilla que le haga caer para seguir huyendo con una mayor ventaja.

RESULTADO DE LA HUIDA

El resultado de la huida puede ser a favor o en contra. A favor si conseguimos huir y en contra si el perseguidor logra alcanzarnos.

El resultado de la huida será un éxito si logramos hacer desistir de su empeño al perseguidor y abandona su empeño de alcance, o llegamos a una zona en la que encontremos ayuda.

Al llegar a dicho lugar empezaremos a gritar “fuego”, pues la experiencia indica que la mayoría de las personas cuando alguien escucha a alguien pidiendo auxilio suelen inhibirse y ocultarse, pues no quieren problemas, pero ante la amenaza del fuego al menos suelen alertarse y mirar con la posibilidad de que nos ayuden o, al menos, al acercarse los curiosos, logren que el perseguidor se aleje de la zona.

Si no conseguimos huir y el perseguidor logra alcanzarnos estaremos en una situación similar a la inicial pero con ambos, perseguidor y perseguido, con las capacidades físicas mermadas, ahí tendremos ventaja sobre éste con nuestros conocimientos técnicos de defensa personal, el problema lo tendremos cuando los perseguidores sean varios.

Por ello es vital la primera fase de la huida, la valoración de si esta nos vale la pena o es mejor enfrentarnos directa y contundentemente.

De todas formas, cuando no podamos evitar o huir, o valoremos que huir no sea una opción, el enfrentamiento, como ya indico, será la única opción viable para tener una oportunidad de salir con bien de la situación, siempre que lo hagamos con una fuerte determinación, energía y contundencia, asumiendo siempre que el enfrentamiento implicará, en el mejor de los casos, una serie de reacciones adversas tanto a nivel físico, como fisiológico y emocional, tal y como analizaré en otra entrega de esta serie.

 

Continuará en el blog la semana que viene.

 

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