Defensa personal íntegra (parte 14)

Defensa personal íntegra (parte 14)

defensa personal integra

El enfentamiento real en casos particulares (parte 4)

En esta última entrega termino con el estudio de los casos particulares que pondrán darse en el enfrentamiento real, recordando que en las anteriores ya hemos visto situaciones tan peligrosas como las que pueden darse en la calle, el portal, el ascensor, tu propio domicilio, los urinarios públicos, los aparcamientos subterráneos, el metro y tu coche, además de instruiros en los casos de violación, la defensa contra varios agresores, contra un perro, o contra un agresor que emplea contra nosotros presas y agarres. En la presente entrega, finalizo estudiando las letales agresiones realizadas mediante el empleo de armas.

ATAQUE CON ARMAS

Lo primero que hay que recordar es que el peligro no está en el utensilio o arma, por muy afilada o contundente que pueda parecer, el riesgo está en aquel que la porta y sus conocimientos sobre su uso. Por otro lado, los agresores armados centrarán su poder y su confianza en el arma que portan, por lo que no usarán todo su potencial en el ataque, esto es, sólo usarán su arma en el ataque, olvidando que tienen todo un cuerpo para usarlo como elemento beligerante, un error que tu no puedes cometer en el caso de poder arrebatar el arma a tu adversario.

En este apartado indicaré también algunos consejos generales, con independencia del arte marcial o sistema de defensa personal que uses, recordando siempre que si logras desarmar a tu adversario, debes alejar el arma lo más posible de éste con el fin de que no pueda volver a recuperarla y usarla nuevamente contra ti, aunque lo ideal sería que te convirtieras en un experto manejando cualquier arma o utensilio que pueda ser usado como tal, para emplearlo contra aquel que te agredió. Y otra cosa, no intentes inmovilizar jamás a un atacante armado sin haberlo desarmado previamente.

El ataque con arma o utensilio contundente no cortante, esto es, con bastón, porra, bate de baseball o similares (llave inglesa, martillo…), suele tener como blanco nuestra cabeza, teniendo la ventaja que un neófito en artes marciales atacará siempre en arco, cogiendo impulso y elevando su arma con amplia trayectoria circular que podremos usar en contra del agresor, aplicando la cinética del movimiento que desarrolla. La trayectoria suele ser directa con trayectoria descendente hacia nuestra cabeza o clavículas, en arco horizontal o en ángulo ligeramente descendente desde arriba en diagonal hasta abajo, de izquierda a derecha, visto desde nuestra perspectiva, o de revés de derecha a izquierda si el agresor es diestro, aunque los ataques en ángulo diagonal ascendente de abajo hacia arriba no estarán descartados. Lógicamente, si el agresor es zurdo las trayectorias principales serán contrarias, esto es, el ataque principal será en ángulo de derecha a izquierda, mientras que el de revés será de izquierda a derecha, visto desde nuestra perpectiva.

Cuanta más masa tenga el arma más deberemos esquivar, pero jamás perderemos la distancia con el fin de poder contraatacar con inmediatez. Las esquivas principales serán hacia el lado contrarío de la cinética de ataque, esto es, si un ataque viene en arco hacia el lado izquierdo de nuestra cabeza deberemos esquivar hacia nuestra derecha con un ángulo diagonal para acortar la distancia entre nosotros y nuestro agresor, pues sino no podremos aprovechar el momento; cuanto más cerca estemos del cuerpo del adversario mejor, pues su arma será menos eficaz.

El ataque con cadena, aunque visualmente sea imponente, sobre todo si ésta fuera gruesa, no es tan peligrosa como pudiera pensarse, pues su trayectoria y recorrido es muy circular, por lo que habrá que encontrar el momento propicio para acercarse al agresor, tanto que haga ineficaz el cadenazo. Habrá que tener también en cuenta que si bloqueamos la cadena con el brazo en su parte central la dinámica de movimiento hará que la cadena siga con su trayectoria y nos golpee con el extremo, por el contrario, si lo esquivamos el movimiento centrífugo de la trayectoria de la cadena se transformará en centrípeto al enrollarse en nuestro brazo, con lo que podremos sujetarla con ese brazo y asirla con la mano del mismo en su parte más cercana al agarre del agresor, golpeando con nuestro brazo libre, para después asirla también con la mano del otro brazo para intentar arrebatar el arma al agresor y usarla contra él de mejor forma, usando sus características para sujetarle, asirle, trabarle, apresarle o estrangularle.

El ataque con arma blanca (navaja, cuchillo…) y otro objeto punzante o cortante (destornillador, picahielos, cutter…) es la agresión callejera con arma más común e universal, ya sea como intimidación o como ataque. Si es sólo un agresor la posibilidad de salir indemnes de la confrontación son muchas si entrenamos habitualmente su defensa, siempre que el agresor crea que somos temerosos y no tenemos pericia marcial, pues de esta forma nos subestimará y atacará directamente y sin precaución, mientras que si sospechara de nuestra habilidad y conocimientos no hará ataques directos sino que empezará a fintar y usar su arma de diferentes formas que dificultará nuestra defensa.

Ante un atacante armado con un arma blanca habrá que valorar la actuación defensiva, si no estás totalmente seguro de vencer y solo estás defendiendo tu cartera, no inicies la defensa estando desarmado, hazlo sólo cuando ésta sea absolutamente imprescindible, sobre todo si estás en clara inferioridad de condiciones, pues las armas blancas son claramente instrumentos de letalidad extrema, aunque no pueda parecerlo, las estadísticas así nos lo demuestran, causan más muertes que las armas de fuego, y son más versátiles que estas últimas. Como dato adicional diré que la supervivencia de los heridos por arma de fuego es del 85 %, mientras que sólo el 65 % sobreviven a un ataque por arma blanca; por otro lado, recuerda que la bala sólo punza, mientras que un arma blanca punza, corta y taja.

No olvides que la ropa voluminosa que llevemos en la estación fría nos protegerá de los tajos y cortes que nos inflijan, pero recuerda que no nos protegerá de los ataques punzantes, por lo que no deberemos confiarnos en ningún momento, por mucha ropa que llevemos y por muy gruesa que ésta sea.

Con intimidaciones con el arma inmóvil a nivel de cuello, estómago o vientre desde el frente, cuello con control desde la espalda, o con el arma en el costado o en el vientre desde atrás, teniendo al agresor a nuestra espalda, en principio nos “rendiremos”, pues si nos está intimidando es que en principio no quiere herirnos a menos que vea en nosotros un peligro. Esto habrá que aprovecharlo, si quiere tu cartera, dásela, y cuando empiece a retirar el arma de su lugar será cuando inicies tu contraataque, cuando crea que ha vencido y se ha salido con la suya, pues en ese momento habrá bajado su guardia.

El problema vendrá cuando se de cuenta de nuestras intenciones y proceda a atacarnos, siendo los ataques más usuales los siguientes: ataques directos frontales a nivel de cuello o vientre, descendentes a nivel de pecho, ascendentes a nivel de vientre y estómago… aunque existen muchas más posibilidades, sobre todo tajos y cortes a nivel de cara, cuello o brazos. Pero la inteligencia nos tiene que ayudar para intuir la forma de ataque escogida, estudia la forma de agarrar el cuchillo que tiene el agresor, con ello podrás saber el tipo de acometida que vas a recibir: en principio pinchar o cortar. Si agarra firmemente el cuchillo con la hoja como prolongación de la mano hacia adelante, es que querrá hacer ataques punzantes y ataques ascendentes; mientras que si el agarre es con la hoja hacia abajo, con ángulo semirrecto con respecto al antebrazo es que los ataques van a ser descendentes; si se decide por el agarre frontal, con la hoja por delante de su mano pero agarrada de forma holgada, es que va a lanzarnos tajos y cortes, peligroso pues se decidirá por atacar con fintas. Por último, si el agresor coge su arma por la mitad de la hoja, peligro, esto indica que es un experto y no quiere herirnos profundamente sino cortarnos y tajarnos repetidamente.

Sea cual sea el ataque debes tener en cuenta que la defensa será muy difícil, por lo tanto, no te puedes confiar, teniendo en cuenta los siguientes factores:

Un ataque con arma blanca, como ya he comentado, supone una agresión de alta letalidad, pues un corte, aunque no sea demasiado profundo puede causar más pérdida sanguínea que una herida producida por arma de fuego.

El ataque se producirá a corta distancia, cuando el agresor está a menos de un metro de ti, por lo que deberías alejarte un poco y poner más distancia entre cualquiera de tus partes corporales con respecto al arma blanca.

La mano del agresor será más rápida que tu vista, por lo que la velocidad del ataque te dificultará ver algo tan pequeño y movible como un letal cuchillo de cortas dimensiones en la mano, por lo que, si pudieras, deberás evitar el enfrentamiento por todos los medios.

Ten en cuenta que la continuidad y dinamismo del ataque será letal, pues el agresor, si intuye que está ante un adversario con conocimientos marciales no atacará sin más, sino que lo hará rápida y repetidamente, con movimientos dinámicos y sin pausa y desde distintos ángulos y trayectorias. Como dije antes, es mejor que te infravalore.

Si el agresor ataca a fondo con un ataque punzante, deberás moverte lateralmente hasta encontrar un momento propicio para el contraataque.

Mientras que si atacara cortando y tajando mediante movimientos en arco deberás desplazarte hacia atrás hasta ver el momento propicio.

Sea cual sea el ataque piensa una cosa, es preferible sacrificar un brazo que perder la vida, si cuando te ataque tienes miedo de que te corte en un brazo cuando bloquees no lo harás de forma efectiva, puesto que vas a titubear, por lo que al final el agresor te herirá gravemente; mientras que si sacrificas la integridad de un brazo y recibes cortes durante la defensa, podrás vencer sobre tu atacante y salvar la vida, ya habrá tiempo de acudir a un hospital a que te curen.

Por otro lado, bloquear un ataque con arma blanca sin apartarse de su trayectoria, además de absurdo es peligroso, pues debemos esquivar siempre, recordando no hacerlo jamás hacia la dirección en la que viene el golpe, cosa muy absurda pero, desgraciadamente realizada generalmente por personas neófitas en artes marciales y de defensa personal. Recuerda no dejar el brazo quieto inmediatamente después del bloqueo, pues si este no es efectivo seguramente recibirá un corte al retraer el agresor su brazo atacante.

Lo importante sería controlar la mano armada o hacer que suelte el arma. Para controlar la mano no aconsejo agarrar la parte inferior del antebrazo (lo que casi todo el mundo confunde con la muñeca), la manera óptima será controlar la muñeca y la parte inferior de la mano junto a ella, con el fin de que el agresor no pueda rotar la muñeca y producirte cortes.

Y si pudieras usar algún utensilio para ayudarte en la defensa, mucho mejor, no intentes combatir directamente si no es necesario, e interpón siempre que puedas alguna barrera física.

Cuando logres desarmar al agresor y le dejes maltrecho, no abandones el arma en el suelo, lo mejor que puedes hacer es llévatela antes de alejarte de la zona, de esta manera no podrá usarla con posterioridad, ni contra ti ni contra otra persona.
Por último indicaré que en cualquier situación deberemos vigilar las manos del agresor desde el principio del enfrentamiento por si estuvieran armadas; si no vemos una de sus manos deberemos actuar como si estuviese armado, pues generalmente lo está, y estará ocultando el arma premeditadamente para que no pueda ser detectada por la víctima hasta el momento del ataque, ya que de esta forma evitará su eficaz reacción. En este caso deberemos tener especial cuidado, ya que la situación no será una mera intimidación (pues si lo fuera estaría mostrando la supuesta ventaja que supone estar armado), sino que será un ataque en toda regla. Por tanto, espera lo inesperado y entrena para mejorar tu tiempo de reacción.

El ataque con arma de fuego, ya sea con pistola o revolver, está proliferando en España en los últimos tiempos y tiene la desventaja táctico-defensiva de que el agresor puede usarla con eficacia desde larga distancia.

En principio diré que debemos pensar que si el agresor no nos ha disparado en los primeros instantes es que realmente no quiere hacerlo a no ser que sea estrictamente necesario, y eso podremos usarlo en su contra.

Hay que tener en cuenta que defenderse de un agresor que nos apunta con un arma de fuego, es mucho más fácil de lo que se puede imaginar, aunque, lógicamente, ello requiere un entrenamiento y una preparación especial. En contra de lo que pueda suponerse, siempre que el agresor esté cerca de nosotros, es más fácil defenderse de una pistola o revolver que de un arma blanca; cuánto más cerca esté el arma de nosotros más fácil será la defensa, mientras que si el agresor que la aferra está a más de medio metro no será posible una defensa eficaz en la totalidad de los casos; lo ideal será que el arma este casi tocándonos pues la defensa ante ella será más sencilla, ya que estará al alcance de nuestras manos, y el agresor tan cercano que le podremos golpear o controlar con nuestras armas naturales: manos, codos y pies.

Si el agresor se mantiene a una distancia prudencial para su seguridad, sobre todo cuando no extiende el brazo armado, es prácticamente imposible el defendernos, por lo que tendremos que esperar a que el agresor nos dé una oportunidad para poder contraatacarlo. Y no olvides que, por muy cerca que esté de nosotros, si el agresor mantiene la mano armada situada junto a su costado, no intentes la acción defensiva, pues será de muy difícil acceso a nuestras manos para agarrarla.
Piensa que mientras un arma blanca puede cortar y punzar, siendo muy versátil y peligroso su uso por parte de un experto, un arma de fuego sólo puede hacernos daño con su bala al ser disparada, con la vaina expulsada en el caso de la pistola y con el polvo de cordita que produce la degradación en el caso del revolver, y todo ello es muy previsible.

En la defensa contra un agresor armado con arma de fuego tenemos la ventaja de que en principio éste no pensará en ningún momento que vayamos a intentar defendernos, por ello, en estas situaciones tendremos que tener una gran sangre fría, dándole la impresión de que estamos muy asustados y que vamos ha hacer todo lo que él nos ordene, ya que de esta forma se mostrará más confiado. Mirad levemente la situación del arma en cuestión para saber donde está situada, pero después no vuelvas a mirarla, ya que una mirada mantenida sobre ella indicará al adversario que estás pensando en la defensa, por lo que le mirarás a los ojos con actitud asustada y fingiendo rendición, incluso levantando las manos.

Los siguientes pasos serán estos:

En el caso de agresión con pistola, habrá que ver si está montada o no, esto es si previamente se ha tirado de la corredera hacia atrás y como consecuencia de ello se ha introducido un cartucho en la recámara y el martillo ha ido hacia atrás, quedando amartillado y listo; si se ha hecho esto el disparo se producirá instantáneamente nada más apretar el gatillo, o disparador. Recuerda que si una pistola no está montada no podrá disparar, si ves que desde la distancia el agresor ha tirado de la corredera hacia atrás el arma queda dispuesta para el disparo, algo que se realiza en escasos instantes.

Si el arma que nos apunta es un revolver, podremos apreciar fácilmente si está el cilindro cargado o si por el contrario está vacío. No sería la primera vez que un delincuente intimida con un revolver descargado (desgraciadamente, por sus características, no podremos saber a priori si la pistola tiene balas o no, ya que el cargador está oculto).

Otra cosa que debemos observar es si el martillo del revolver está amartillado o no, cosa que puede hacerse con sencillez simplemente usando el dedo pulgar de la mano que sujeta el arma, o bien, usando la otra mano. Es importante observar esto, pues si nos apuntan con un revolver y vemos que el martillo está echado hacia atrás (lo que se denomina como “simple acción”) en cuando se apriete ligeramente el gatillo el arma disparará; mientras que si no lo está y el agresor emplea la “doble acción”, deberá apretar con más fuerza el disparador para que se produzca el disparo. Por ello, a la hora de la defensa es más seguro para el defensor que el arma esté sin amartillar, pues de esta forma le será más difícil al agresor disparar el arma.

Aunque en muchos manuales se indica que deberíamos observar si el seguro está puesto o no, esto no es tan fácil. Lógicamente lo indican con el fin de estar seguros de si el arma puede ser disparada (con el seguro puesto el disparo no puede producirse), pero, primero: esto no puede verse fácilmente con el arma empuñada y, segundo: que casi nadie sabe cuando un arma está asegurada o no, por lo que en principio deberemos actuar como si el seguro estuviera quitado y el agresor pudiera dispararnos.

En muchas ocasiones el agresor usará una pistola simulada, por lo que deberemos observar el interior del cañón de forma solapada, ya que las armas de imitación por norma deben tener en su interior un reborde rojo, el cual suele ser extraído para ser usado engañando a la víctima, pero siempre suele quedar algún resto. Si no lo tienes claro actúa como si fuera un arma de verdad.

La situación del arma podrá estar tanto a nuestro frente como a nuestro costado o a nuestra espalda, dirigiendo el cañón del arma hacia nuestra cabeza o nuestro tronco; en principio la defensa más sencilla será contra un arma que apunte de frente a nuestra cabeza, pues estará mejor localizada y más al alcance de nuestras manos, mientras que la defensa en el resto de los casos entrañarán más dificultad.

En todos los casos la defensa será la siguiente:

Reaccionaremos rápidamente saliendo de la línea de tiro, pues en el momento en el que el agresor detecte que nos movemos realizando la defensa apretará el gatillo y el arma disparará; en cuanto estemos fuera de la línea de tiro, agarraremos la mano armada con una mano o con las dos, con la finalidad de producir una luxación de la muñeca armada, de esta forma el dolor producido le hará soltar el arma. Además, si giramos el arma aferrada hacia el exterior con el dedo del agresor sobre el gatillo, podremos luxárselo con facilidad, pues quedará trizado al quedar enganchado en el interior del guardamontes, la pieza de metal redondeada que está alrededor del gatillo diseñada para protegerlo.

Deberemos tener mucho cuidado de no acercar el conjunto aferrado cerca de nuestros oídos, por el ruido producido por la deflagración puede dañar nuestros tímpanos, y habrá que tener extremo cuidado con el revolver, pues al ser disparado el polvo de cordita podrá cegar nuestros ojos, por lo que es aconsejable desarmar al adversario con el arma alejada de nuestra cara.

También deberemos tener mucho cuidado cuando estemos desarmando al agresor de una pistola, pues la vaina, que será expulsada al rojo vivo, podría quemarnos, por lo que deberíamos dirigir el hueco expulsor lejos de nuestro cuerpo, a ser posible contra el suelo o contra el rostro del agresor, para sea él el herido de quemadura.

Si el agresor empuña un arma larga (fusil, escopeta…) la defensa será más sencilla si permite que nos acerquemos, pues tendremos mayor superficie de agarre y mejor trabajo de palancas.

Pero, jamás intentes la defensa cuando el agresor esté a más de un metro, pues no seremos lo suficientemente rápidos para ser efectivos.

Y, recuerda, si vas a defenderte de un agresor armado con arma de fuego, deberás ser lo más letal y efectivo posible, pues si no lo fueras podrás convertirte en una víctima de las circunstancias, no te conviertas en un héroe muerto por muchos homenajes que después te hagan.

F. Javier Hernández.

 

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