Ángel Romero, la enseñanza del Kyokushin

Ángel Romero, la enseñanza del Kyokushin

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Hablar de Ángel, es hablar de profesionalidad, de método, de disciplina, en definitiva, es hablar del arte del Karate Kyokushinkai transformado en la ciencia del Karate Kyokushinkai. Ángel es un profesor de éxito, con un grupo grande tanto en niños como en adultos, pero impartir clases no ha servido para que se alejara de la “Alta Competición” su mayor éxito, sin duda, Alejandro Navarro.

DM: Ángel, en primer lugar, muchas gracias por atenderme.

Gracias a vosotros por darme este espacio en vuestra publicación.

DM: La primera pregunta es obligada, ¿Cuándo y cómo llegas al Kyokushin?

Siendo adolescente, yo vivía en Rubí un pueblo cercano a Barcelona y paseando por la calle me llamó la atención un poster anunciando la apertura de un dojo en la zona, en el poster estaba la foto del actor Dolph Lundgren, que aquel año había sido campeón de Europa. Me presenté en el gym y me convenció la pasión y las ganas que puso el que sería mi maestro Francisco Gamero para explicarme en qué consistía aquel arte marcial. Yo ya practicaba otros deportes y pensé que podría llegar a competir en Karate. Fui el primer alumno de aquel nuevo dojo.

DM: ¿Qué es lo que te engancha a este estilo desde tus inicios hasta hoy que lo has convertido en una forma de vida?

Al principio me gustaba la dureza de los entrenamientos y el prepararme para competir. Me gustaba el combate, e intentaba demostrar que podía ganar. Con los años fui descubriendo que Kyokushin no solo era competir, que te iba dando en cada momento de tu vida algo. Que tenías que estar atento para percibirlo y cogerlo y que esa riqueza después la podías compartir con otros, la podías enseñar e intentar transmitir.

DM: Eres un Maestro de éxito, ¿Cómo planificas las clases para que los más peques aprendan y disfruten del Kyokushin y además se diviertan y sigan asistiendo a las clases?

Me gusta el concepto de Maestro, pienso que lo es por obviedad aquel que tiene alumnos. Pero eso conlleva muchas otras cosas, has de intentar percibir las necesidades personales de cada uno. Compartir, exigir, escuchar. Con el tiempo creo que soy más flexible, menos intolerante y pienso en el crecimiento más que en el resultado. Soy una persona afortunada al poder cada día enseñar y dejar alguna huella, por pequeña que sea, en el crecimiento de mis alumnos. Sí, me gusta impartir clases y a veces cuando tu ánimo no está en el mejor momento la sonrisa o el comentario de uno de los pequeños te restablece el día.

DM: ¿Los vas llevando hacia la competición o prefieres que al principio únicamente asimilen las bases del estilo?

No, pienso que la competición se ha de utilizar en edades tempranas como parte del desarrollo como karateka, pero no como fin en sí mismo. De nada vale que un niño sea campeón de España con 11 años, si en el curso siguiente lo deja o se desmotiva. Solamente aquellos que me piden querer competir les ayudo en su preparación. Pero junto con eso a asimilar la derrota y al análisis de la experiencia. Sin desvalorar las competiciones infantiles que también pueden servir para enfrentarnos a miedos e incertidumbres en edades tempranas.

DM: Siguiendo con la docencia en las clases para adultos te encontraras con gente que quiera competir y con gente que realmente no se lo plantee y acuda al entrenamiento por objetivos más lúdicos, ¿Cómo conviven estos dos perfiles de alumnos?

Bien. Mis clases no están enfocadas solo a la competición. Pienso que Karate es transmisión, conocimiento, perfeccionamiento… El que debes cuidar realmente es al cinturón blanco, el que empieza y destina en ti todas sus ilusiones en la nueva actividad, para ellos todo es nuevo y tú eres el responsable de llenar esa ilusión con nuevos retos. Defiendo el concepto de “escuela” ante el de dojo o club. Los más veteranos enseñan a los nuevos y estos algún día a los que comiencen.

DM: ¿Qué se necesita para ser un buen competidor de Karate Kyokushin?

El Espíritu de superación es lo más importante. La dureza del combate hace que el competidor de kyokushin esté dispuesto a templar su cuerpo y su mente en las condiciones más duras. El concepto de “Osu no seishin” japonés; el seguir luchando cuando ya no podemos más. Hay competidores con unas cualidades excepcionales, muchas veces genéticas, pero que les falta esa determinación. Creo más en el que se traza un camino y no piensa en el tiempo para conseguirlo, ni en la dureza del mismo. Sencillamente anda y continua. Ahí está la fuerza real.

DM: ¿Cuál es el nivel real del Karate Kyokushinkai en nuestro país?

Muy alto. Hay una gran cantidad de escuelas repartidas por todo el país y mucha gente trabajando en sus clases con ilusión. Hay una generación de maestros que han entendido que la clave de este arte marcial está en los niños. Es el futuro más allá del trofeo…

DM: ¿Cuáles son los países con mayor nivel?

Japón desde luego es el país referente. Es impresionante el número de escuelas y como entrenan para conservar la tradición del Arte Marcial. Te das cuenta en los torneos de niños que hacen cada año, en la cantidad de participantes y en el nivel que adquieren desde muy pequeños. Rusia es una potencia desde hace unos años y países como Polonia, Ucrania, Brasil, España donde hay un gran número de practicantes y grandes competidores.

DM: ¿Y los competidores más temidos en la actualidad?

Yo sigo pensando en los japoneses con ellos nunca hay un combate fácil. Luchan hasta el final. Hay otras escuelas como la rusa, que están sacando competidores muy potentes, pero es otro concepto, no llegan a transmitir esa pasión que es lo que a mi particularmente me gusta de kyokushin. Mis respetos a todos los que se enfrentan a competir, porque al final el mayor enemigo eres tú mismo; tus miedos, tus limitaciones, tus errores. Llegado a un gran nivel competitivo suele ganar el que consigue el equilibrio en el momento justo de la competición. El que mentalmente está más fuerte.

DM: Alejandro Navarro ha competido en infinidad de ocasiones bajo tus “ordenes”, ¿Cómo competidor como le definirías?

Es especial. Yo lo conocí cuando acababa de empezar a practicar kyokushin con el maestro Antonio Roca en Fuerteventura, su descubridor. Me invitaron a dar unas clases y cuando vi a aquel chaval espigado con unas piernas rapidísimas me llamó la atención, no tanto por sus cualidades sino por la fuerza que desprendía sin golpear fuerte. “La tormenta en la calma”. Pensé que había un huracán encerrado en ese corazón humilde. Seguí su incipiente carrera deportiva y establecí una amistad con el “chacho”. Unos años después me expresó su voluntad de venir a entrenar a Barcelona. Estuvo viviendo en casa un tiempo y hablamos sobre la idea de conseguir triunfar en Japón, empezar un camino largo y cambiar la mentalidad de combate. La forma para conseguir algo que hasta entonces casi estaba vetado a los occidentales. Pensé que la clave estaba en formarse personalmente, en leer, en crecer. Luego vendría el entreno y finalmente los triunfos, pero como consecuencia lógica. Más que su entrenador, me considero un amigo que ha estado y está para acompañarle en su aventura vital.

DM: ¿Cuéntanos alguna anécdota curiosa de vuestros viajes?

Infinidad, momentos increíbles con otros difíciles. Creo que uno de los más duros fue la final del Open de Japón del año 2009. Estábamos a punto de convertirnos en el primer occidental en ganar esa mítica competición después de 7 rondas en dos días. El combate con Kentaro Tanaka el campeón japonés estaba a nuestro favor y faltando “un segundo” para terminar nos marcaron una amonestación y perdimos un combate que habíamos ganado en la lucha. No pude reprimir las lágrimas en el vestuario, habíamos estado tan cerca del sueño… Alejandro se levantó y a partir de ahí se hizo más fuerte. Unos años más tarde ganó ese torneo.

DM: ¿Cómo te definirías tú como entrenador?

Abierto, dialogante. Me gusta dar unas directrices, hablar con los competidores para que ellos controlen su preparación, su estado de forma y expresen sus necesidades o preocupaciones y trabajar sobre eso. Me gusta entrenar la mente, con el trabajo duro, para posteriormente superar los obstáculos que se dan en la competición.

DM: ¿Cuál es el secreto para convertir a un alumno en un competidor de élite a nivel mundial?

Pienso que lo primero es descubrir ese alumno que tiene unas características especiales para convertirse en un gran competidor. Alguien que esté dispuesto a caer y levantarse una y otra vez. Que esté dispuesto a trabajar duro y no conseguir los resultados esperados, pero seguir perseverando. Pienso que ahí está la clave. Evidentemente acompañado por unas buenas condiciones físicas. Pero si no es capaz de ser permeable a los cambios, a las vicisitudes, a los contratiempos creo que es difícil que logre alcanzar ese nivel.

DM: Defíneme en una sola frase a Mas Oyama

La fuerza interior y el conocimiento

DM: Akiyoshi Matsui

La determinación

DM: Francisco Filho

Pasión brasileña

DM: Andy Hug

Corazón y espíritu.

DM: ¿Deseas añadir algo más?

De nada vale ganar si con la victoria no crecemos, no hemos aprendido. A todos aquellos que algún día se acerquen a kyokushin con ganas de competir, que no busquen atajos. Que estén dispuestos a acercarse con humildad al aprendizaje, sin tiempo. Que disfruten de la emoción del camino y del descubrimiento.

!!Osu!!

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