alberto cuesta

Defensa personal, la esencia de
las artes marciales

Conocí al maestro Alberto Cuesta durante una sesión de fotos para la revista en el gimnasio Feijoo, ya que él es profesor de Kung fu en dicho centro. Tuvimos una interesante conversación sobre las artes marciales y la defensa personal, e inmediatamente le pedí que me escribiera una columna sobre todo aquello de lo que habíamos estado hablando. inició la práctica de las Artes Marciales a finales de 1975, con 13 años de edad. Obtuvo el cinturón negro 1º Tuan en 1981 y actualmente, ostenta el 6º Tuan. Además, practicó Taekwondo, Hapkido y Sambo durante años, de este último también obtendría el cinturón Negro. Lleva toda una vida consagrada al Kung fu. Para él, no hay nada más motivador que la enseñanza. Y es precisamente esta motivación la que le llevó a desempeñar esta labor en varios gimnasios desde 1987 y a licenciarse en Ciencias de la Educación.

Es una evidencia que la evolución de las artes marciales hacia prácticas puramente deportivas las han llevado a perder en parte la esencia por las que se crearon: La lucha cuerpo a cuerpo. Y precisamente para cubrir estas carencias, vemos como afloran en el panorama actual nuevos métodos de lucha que recuperan estas técnicas y se especializan en buscar la máxima eficacia.

Evitar el conflicto debe estar en la mente de cualquier artista marcial, que nunca debe ponerse a la altura del agresor y resolverá la situación sin necesidad de llegar al enfrentamiento físico. Esta es la mayor de las victorias, la que requiere menos esfuerzo físico pero mayor astucia en la resolución de problemas. Pero deberá estar siempre en alerta por si es preciso pasar a la acción. Si no queda otra alternativa y es preciso resolver la situación de una forma expeditiva, hay que tener en cuenta que la mayoría de los enfrentamientos terminan en una lucha cuerpo a cuerpo. En esta situación la capacidad de seleccionar la técnica más apropiada a utilizar en cada una de las secuencias del mismo será vital para resolverla con éxito.

En alguna ocasión seguramente todos los profesores de artes marciales hemos tenido que responder a la pregunta de un alumno novel sobre si éste arte marcial es mejor que aquel o si éste estilo es mejor que ese otro. Desde mi punto de vista creo que una respuesta acertada sería decirle que no hay estilos mejores que otros sino practicantes mejores que otros ya que en gran medida la eficacia de un estilo depende del grado de preparación del practicante.

En ocasiones vemos cómo deportistas de muy alto nivel que físicamente parece que están en inferioridad de condiciones respecto a otros, superan a éstos mediante una técnica muy depurada y apropiada para ellos conseguida a base de grandes dosis de motivación de logro.

Respecto a las artes marciales aunque intentemos, si las circunstancias lo permiten, situar al oponente en la distancia donde mejor trabajamos, es conveniente ampliar el repertorio de técnicas y no limitarse a entrenar siempre en esa distancia donde nos sentimos cómodos. De poco sirven los saltos espectaculares, las patadas altas y la distancia larga de combate cuando tenemos que resolver una agresión en espacios reducidos; y si no se ha entrenado lo suficiente en distancias cortas el éxito se antoja difícil.
Más allá de dialogar sobre si éste método ancestral de lucha es mejor que aquel o de estilos más o menos puros, el hecho de que un artista marcial con varios años de práctica no sepa controlar una situación de riesgo debe hacernos reflexionar sobre si la enseñanza está siguiendo el camino correcto. Precisamente porque el control de esas situaciones es el alma de cualquier arte marcial.

El trabajo individual de las Formas de Kung fu/Wu shu, y sus homólogas en otras artes marciales, debería llevar implícita una aplicación práctica de esas técnicas que en muchas ocasiones no se hace, y si a esto le unimos que solamente con este trabajo sería insuficiente para la completa formación del artista marcial en cuanto a defensa personal se refiere, el resultado es una baja cualificación en este área de conocimiento.

Para satisfacer esta necesidad habría que completarlo con trabajo en suelo, con armas cortas, trabajo de cuchillo, palo corto, etc. Es necesario este trabajo porque debemos saber manejar estas armas, conocer sus posibilidades nos ayudará a saber cómo nos puede atacar un agresor. En una situación real nos pueden agredir con puño, con un palo, cadena, botella o cuchillo y además en una multitud de situaciones. Difícil será que lo hagan con un sable o una alabarda.

Para dar este salto cualitativo y poder cambiar los planteamientos de la defensa personal y enfocarlos hacia situaciones reales de lucha hay que poner al alumno en situaciones límite, donde se le lleve al estrés y se le fuerce a resolver la situación de la forma más exitosa posible. En situaciones de estrés, la percepción del combate cambia sustancialmente porque aparece la visión de túnel, la percepción auditiva disminuye y se pierde la motricidad fina en las manos. Lo que se busca precisamente con este enfoque del entrenamiento es que el alumno aprenda a controlar ese estrés.

Diferentes planteamientos llegan a las mismas conclusiones

Practicar más de un arte marcial puede ayudar a da una visión holista de la defensa personal y sus planteamientos por diferentes artes marciales. Durante años practiqué los sistemas coreanos Taekwondo y Hapkido con el gran maestro José Luis Amado, fallecido en 1987 y uno de los mayores expertos en defensa personal que he conocido en mis más de cuarenta años de práctica. Algunas de las técnicas de defensa personal, Ho-Sin-Sul, del Hapkido son similares a las utilizadas por los chinos en Chin Na, y aunque tienen diferentes matices en sus planteamientos resuelven la situación de una forma muy similar. En cierto modo es lógico, ya que las experiencias en la lucha militar cuerpo a cuerpo han ido perfilando lo efectivo y descartando lo que no lo es, por una simple cuestión de supervivencia.

¿Hay tantas diferencias entre los estilos?

Los sistemas de lucha no se crean de la nada, surgen de la evolución de otros o por lo menos de modificaciones, y puntualizo esto último porque si las mejorías no son evidentes no deberíamos hablar de evolución.

Desde un punto de vista que comparto con otros profesores, estas diferencias en muchos casos no implican un cambio sustancial del estilo porque suelen resolver las situaciones de forma similar. Un cambio revolucionario, un nuevo enfoque que suponga mejoras técnicas evidentes sobre las anteriores sí podría definirse como cambio de estilo.

Un ejemplo muy claro lo tenemos en Atletismo, concretamente en la prueba de salto de altura, donde la eficacia de las diferentes técnicas utilizadas es evidente y fácilmente demostrable: gana el que supere el listón más alto. De los primeros saltos en tijera del francés Lewden se evolucionó hacia el rodillo occidental y el rodillo ventral. Pero en 1968 el joven Fosbury sorprende al mundo con una nueva técnica, más eficaz desde el punto de vista de la biomecánica, que minimiza la distancia entre el centro de gravedad del saltador y el listón, siendo el aprovechamiento de la fuerza para la tarea superior a los anteriores métodos. A partir de entonces, todos los saltadores de élite utilizan esta técnica.

¿Qué es lo que lleva a una persona a entrenar artes marciales?

Hoy en día la oferta deportiva es muy extensa y cada cual puede encontrar una actividad que satisfaga sus necesidades. Desde mi punto de vista, uno de los motivos por los que muchos de los que actualmente practican artes marciales se decidieron a hacerlo, es la creencia de que podría mejorar sus competencias en defensa personal. Y es cierto que se puede conseguir con un entrenamiento específico bien dirigido y bien planificado, que no relegue a un segundo plano esta parte sustancial del arte marcial.

En una sociedad cada vez más insegura y con un constante aumento de los índices de criminalidad, saber defenderse es necesario para mejorar la autoconfianza. Acoso escolar y violencia de género son dos claros ejemplos de esta lacra social. Creo que las artes marciales chinas, sin menosprecio de las demás, ofrecen un abanico de posibilidades extraordinario para aquellos que se deciden a practicarlas.

El trabajo de las Formas, tanto de mano vacía como con armas es extraordinariamente variado y exigente; sus diversas modalidades de Combate forman al practicante tanto en el combate con armas, el combate deportivo y también el profesional; el trabajo de la Energía Interna ayuda a controlar y canalizar ésta de la forma apropiada, aportando importantes beneficios en el organismo; los Estilos Internos hacen hincapié en el trabajo de esa energía, pueden ser practicados sin límite de edad, y disponen de sus propios métodos de combate; la eficacia de los desequilibrios y proyecciones del Shuai Jiao en el combate a corta distancia está fuera de toda duda y también la Defensa Personal, necesaria, insustituible, para acabar de completar este maravilloso círculo que supone el legado en artes marciales del pueblo chino.

Trabajemos conjuntamente por la unificación de todo el colectivo de artes marciales chinas.

Un saludo a todos los amantes de las artes marciales.

Alberto Cuesta.

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