Rompiendo las Reglas: La Saga

Rompiendo las Reglas: La Saga

En 2008 se estrenaba Rompiendo las Reglas, una versión millenial con MMA de Karate Kid, aunque la idea no surgió precisamente de este clásico ochentero. No obstante, consiguió tener éxito, pero no secuelas directas, aunque sí ha dado para tres continuaciones. Hace nada se ha estrenado la cuarta entrega, también en España, por lo que es un buen momento para repasar esta saga que ha tenido a Michael Jai White como epicentro en las dos primeras secuelas, y a Michael Bisping en ésta, de momento, última parte de una saga a reivindicar, sobre todo a nivel marcial y que tiene, además, a una de las protagonistas de la primera portada de Dragonz Magazine, pero vamos a ir por partes y a comenzar por el principio…

ROMPIENDO LAS REGLAS (2008)

El 14 de marzo de 2008 se estrenaba en cines estadounidenses la primera entrega, diez días después de su premiere en Los Ángeles, esperando al 18 de abril del mismo año para aparecer en los cines españoles. La idea le surgió al guionista, Chris Hauty, cuando su hijo le enseñó en Youtube peleas en su propio instituto, mezclando esto con los conceptos de la mencionada Karate Kid y presentándonos a Jake Tyler, un joven jugador de fútbol americano que se muda de ciudad y comienza en un nuevo instituto, intentando además huir de las peleas y problemas en los que se ve envuelto. Allí, se sentirá atraído por Baja Miller, quien sale con Ryan McCarthy, el alumno más popular del instituto. Y es evidente que esto le provocará problemas, sobre todo cuando descubra que Ryan practica MMA. Y por mucho que el guionista se base en ese suceso real, es más que evidente que la estructura del guion es la misma que la de las aventuras y desventuras de Daniel Larusso, sustituyendo el Karate por las MMA y a Miyagi por el maestro que interpreta Djimon Hounsou, llamado Jean Roqua. Hounsou también tenía experiencia marcial leve cuando estudió algunas disciplinas, incluyendo el boxeo, pero lo que más le llamó del proyecto y fue el mensaje a los jóvenes y el uso de las artes marciales para sacarlos de las calles.

El desarrollo de la historia es más que evidente, con una diferencia sustancial con el clásico ochentero, que Jake es problemático y no un simplón que se ve envuelto en problemas. Otra diferencia es el uso de las redes sociales y Youtube en la trama, con otro personaje, Max Cooperman, organizando las peleas que veremos en el metraje. De esta forma se actualizan conceptos, pero manteniendo la estructura del guion que hizo famosa la saga del Maestro Miyagi. A pesar de ser una película con MMA, sólo uno de los actores tenía conocimientos de artes marciales, Cam Gigandet, que interpretó al villano, Ryan, con cinturón negro de Krav Maga. El protagonista, Jake, fue interpretado por Sean Faris, quien entrenó Muay Thai, Taekwondo y Ninjitsu para la película durante siete horas al día y seis días a la semana, y ganando casi 7 kilos de músculo. Curiosamente consiguió años después, en el 2010, el papel protagonista en la adaptación del videojuego King of Fighters, para la que entreno además Karate y el manejo de la katana. Por su parte, el maestro de MMA interpretado por Hounsou (cuyo personaje está bien esbozado, pero no hubiese estado mal que lo hubiesen desarrollado algo más) entrenó con Erik Paulson, experto en MMA y el primer norteamericano que ganó en la categoría de peso semi-pesado en Shooto, la competición japonesa de MMA que se iniciaba en 1985. No obstante, las coreografías no corrieron por su cuenta, sino por la de Damon Caro y Jonathan Eusebio, con Justin A. Williams y Daniel Hernández como entrenadores del resto de actores. También quiero destacar a Amber Heard y a Evan Peters en el reparto, interpretando a la chica de la peli y al amigo del protagonista, respectivamente, quien además es el encargado de promocionar las peleas en Youtube.

A pesar de esa modernización del Karate clásico a las MMA, el maestro Roqua mantiene cierto misticismo marcial, pero, de nuevo, adaptado al siglo XXI. Todo esto consigue apartarse algo de Karate Kid para ofrecer una película con personalidad propia y muy buen ritmo. La estupenda forma física de los actores y su más que correcta ejecución de las coreografías consigue hacer que nos creamos a los personajes. Y está claro que a todo esto tenemos que sumarle el romance entre Jake y Baja, que será el corazón de la historia tal y como ocurre en Karate Kid. Y creo que es hora de dejar de mencionar a la saga ochentera de Miyagi, Daniel-san y los Cobra Kai ya que, como he dicho, Rompiendo las Reglas consigue tener entidad propia, acentuándose en las secuelas dicha separación. Para muchos de los personajes secundarios y de relleno, se usaron auténticos luchadores de MMA de la zona de rodaje, en la ciudad de Orlando (Florida) La trama está bien desarrollada y es sumamente entretenida, con estupendas coreografías y una buena edición y dirección de Jeff Wadlow (Kick Ass 2: Con un par) Tras su estreno, no recibió buenas críticas, pero consiguió una taquilla de algo más de 40 millones de dólares, frente a un presupuesto de 20 millones. No fue gran cosa, pero este relativo éxito daría pie a una saga marcial que subiría su nivel con sus dos siguientes entregas, no así la reciente cuarta parte. Pero antes de pasar a ellas, hay que remarcar que Rompiendo las Reglas es una buena película, dirigida mucho al público joven, popularizando las artes marciales mixtas y adelantándose a Warrior (2011), pero con objetivos diferentes, claro está. Y además consiguió un premio, el de mejor pelea, la del protagonista contra el “villano”, en los MTV Movie + TV Awards de 2008. Tenemos, por último, buenas secuencias de entrenamiento, realistas, que es algo que podemos ver en todo el metraje. Por cierto, hay una versión sin censura que sólo tiene alrededor de tres minutos más, suficientes para rebajar la calificación por edades a mayores de 13 años. Y por mucho que parezca un Karate Kid para millenials, podemos disfrutarla los que amamos el género.

ROMPIENDO LAS REGLAS 2: EL GOLPE FINAL (2011)

En 2011 llegaba la secuela, que en su título original tiene la coletilla The Beatdown, el mismo torneo en el que lucha el protagonista de la primera parte en su clímax, que supuso el debut como director de una estrella del género, Michael Jai-White, quien además se quedaba con el papel de mentor de los protagonistas.

Del reparto de la primera parte, sólo tenemos a Evan Peters y a Jeremy Palko, éste último en papeles diferentes, pero está claro que al ser un directo a vídeo sin pasar por los cines, una serie B de estas características tiene su punto fuerte en el propio Jai-White, al que acompañaron auténticos artistas marciales. Llegaba al DVD el 13 de septiembre de 2011, tras pasar por el ActionFest International Film Festival el 8 de abril del mismo año. Rodada entre septiembre y noviembre de 2010 en Louisiana, nos presentaba a un grupo de jóvenes que entrenarán con un ex-presidiario, Case Walker, interpretado por Jai-White. Al contrario que la primera entrega, la historia se basa en las relaciones entre los jóvenes luchadores y sus dramas personales, junto al entrenamiento y enseñanzas de Walker. Es curioeso que coincidiese con el mismo año del estreno de la mencionada Warrior, un drama sobre hermanos enfrentados en un octógono. Ambas películas comparten el peso del dramatismo, pero la película de Jai-White remarcaba el aspecto marcial más cercano a la serie B que nos gusta.

Dean Geyer es quien lleva el mayor peso de la película. Actor, cantante y artista marcial nacido en Sudáfrica, es Mike Stokes, Alex Meraz, artista marcial experto en Karate, Capoeira y MMA, además de bailarín, es Zack Gomez, mientras que el cometidor de UFC, Todd Duffe, se encarga de interpretar a Tim Newhouse. Por último tenemos a Scott Epstein, experto en grappling y Jiu-Jitsu, de la escuela de Eddie Bravo, fundador de 10th Planet Jiu-Jitsu. Un reparto estupendo que logran ejecutar perfectamente las estupendas coreografías de Larnell Stovall (Invicto 3)

A pesar de la estupenda calidad marcial, la película logra equilibrar las secuencias de lucha con el drama, algo necesario para engrandecer la figura de su mentor, el nuevo Miyagi que encarna Jai-White, en más que plena forma. Los alumnos pueden resultar algo arquetípicos, repartiendo el protagonismo, pero demostrando que se pueden escribir buenos personajes marciales con trasfondo, aunque ahora, visto en perspectiva tras tantas películas dramáticas con MMA surgidas en los últimos años, puedan resultar típicos, llegando a considerarse un sub-sub-género dentro del cine marcial, los dramas con y de MMA. Eso sí, el villano de esta entrega es el mejor definido, ya que comienza como un chico acosado y freak a un badass sin escrúpulos. Una especie de “viaje del villano”, que es quien finalmente marca el desarrollo de la trama. Este elemento otorga cierta calidad a esta película, que sabe navegar entre el drama con tufillo televisivo con la pura serie B de artes marciales.

El alto nivel marcial aumenta con la aparición del gran Lyoto Machida interpretándose a sí mismo, además de escuchar referencias de mitos de las MMA como Anderson Silva o los Hermanos Machado, una de las mejores escuelas de Jiu-Jitsu Brasileño. Pero sin duda, lo que llama mucho la atención es lo diferente que es este maestro de MMA. Un Jai-White muy macarra pero con una presencia imponente, prácticamente la misma que en la maravillosa Invicto 2 (2006) Sin duda, entre el estreno de su famosa película donde conocimos además a Boyka, y ésta, son los mejores años del actor, ya que nos ofreció Black Dynamite (2009) y Promesa Sangrienta (2009), prácticamente sus mejores películas junto a Invicto 2. Aunque posteriormente ha tenido alguna buena película, como Falcon Rising (2014)

Un estupendo trabajo marcial, espectacular y técnico, un buen desarrollo dramático que aúna el cine para adolescentes de la primera entrega junto a esa serie B con regusto ochentero puramente de género de esa que los que hemos pasado los 40 vivimos en los videoclubs. Una hibridación que ampliaba su público objetivo. Cine marcial con cierto trasfondo humano, social y marcial totalmente equilibrado a pesar de tener un ajustadísimo presupuesto de tres millones de dólares, y un rodaje de tan sólo cuatro semanas, todo bien aprovechado y manteniendo algunas constantes, como ese toque tradicional del maestro, aunque tengamos unos estupendos combates de puras MMA junto a tantos nombres que podemos escuchar durante el metraje, para intentar, con éxito, dar mayor realismo a la trama.

ROMPIENDO LAS REGLAS 3: SIN RENDICIÓN (2016)

Cinco años después de la segunda entrega, Jai-White repetía como director y como actor en la tercera parte de la saga. Case Walker volvía en una algo forzada película, muy de fórmula, pero siendo consciente de lo que había conseguido con la segunda parte, aunque fuese entre el público más cercano al género marcial, pero dándole todo el protagonismo al personaje. Un lucimiento de calidad de Michael Jai-White, de nuevo bien dirigido y de nuevo con Stovall firmando las coreografías. A pesar de ese formulismo, mantiene el tipo mejor que bien para seguir dando la calidad que queremos los fans del cine de artes marciales.

No repetía ningún otro actor, excepto Evan Peters en un flashback de la segunda entrega, pero tenemos a Josh Barnett, competidor en la vida real de Bellator y UFC, entre otras competiciones de MMA. Trascurre dos años después de la segunda parte, con Walker intentando volver al circuito profesional de MMA y comienza fuerte con Jai-White luchando contra Ron Smoorenburg. Tras ese combate, Walker se reencontrará con un antiguo compañero, Brody James (Josh Barnett) quien le pedirá que le entrene en una competición donde ganará dos millones de dólares y que se celebra en Tailandia para, de esta forma, volver a la cima de las competiciones de MMA consiguiéndole combates en la misma competición. Case viajará a Bangkok (donde se rodó la película, evidentemente) y se verá envuelto en los tejemanejes del promotor Hugo Vegas (Easi Morales) y el combate entre Brody y el gigantesco Caesar Braga, interpretado por la montaña humana que es Nathan Jones.

Elementos habituales en el cine de competiciones, sean o no de MMA, tiene otro elemento diferenciador incluso dentro del cine de MMA, algo que se vio levemente en la anterior entrega con la aparición de Lyoto Machida, y es el poner las artes marciales tradicionales esenciales para las MMA. Jai-White, karateka en esencia, ofrece un buen muestrario de katas y técnicas tradicionales, dando cierto trasfondo a su personaje al igual que ese misticismo de Karate Kid. Todo esto lo vemos a los poco más de veinte minutos de empezar, en el combate amistoso entre Case y Cobra, todo un despliegue de gran calidad marcial, con esos planos inserto en blanco y negro donde vemos al protagonista realizar técnicas de katas, y su aplicación en el combate. Una demostración por el amor a las artes marciales clásicas de Jai-White.

Tenemos además doble presencia tailandesa, dado que fue su país de rodaje. Por un lado tenemos a Jeeja Yanin, con un personaje secundario en una extraña historia de amor con uno de los alumnos del gimnasio donde Case entrena a Brody. Una subtrama que nos ofrece algo de la calidad de la protagonista de Chocolate (2008) Y las secuencias de dicha subtrama nos traen además la presencia de Brahim Chab, sumando así nombres a la calidad marcial. Y es precisamente con Brahim con quien se luce Jeeja. Un estupendo combate que usa el Muay Thai como estilo para mantener así el ritmo marcial, alternado con la historia de amor entre Case y Myca, interpretada por la mismísima mujer de Jai White, Gillian. Una humanización del personaje tras su aparición en la anterior parte, que ayuda a dar cierta dimensión al personaje, además de servir de vehículo para la propia Gillian. Es indudable la química entre ambos, enriqueciendo la historia, todo en un metraje muy medido de poco más de hora y media. Podemos disfrutar del Jai White actor y del marcial, así como de todos los combates de Stovall. Una película totalmente disfrutable, inferior a la saga Invicto pero con un buen nivel marcial. Se me olvidaba la segunda presencia tailandesa, y es Tony Jaa en un cameo donde se interpreta a sí mismo, pero sin lucirse marcialmente. No sabes si reírte por lo tonto de su aparición, o llorar por desperdiciar la oportunidad de sumar a Jaa en el torneo. Pero bueno, es casi un favor a Jai-White, por la relación de amistad entre ambas estrellas, y una forma de demostrar su apoyo a la saga.

Michael Jai-White se esfuerza en construir un personaje en una saga marcial, quizás al estilo del Boyka de Adkins, pero sin una respuesta de fan al mismo nivel. Está claro, como he dicho antes, que es inferior a las apariciones de Boyka, pero es un complemente perfecto para saciar el hambre del buen cine marcial. Tiene cierto toque final que recuerda a Cinturón Rojo (2008), no podemos evitar verlo, con esa idealización de las artes marciales clásicas frente a las modernas como las MMA, pero sin llegar a desprestigiarlo, ya que estamos ante un héroe marcial épico como Case Walker, construido para mayor gloria de Jai White y su panteón de héroes como el Chambers de Invicto 2, Black Dynamite en la película y serie de animación homónima o Falcon en Falcon Rising y sin duda, ante un más que satisfactorio espectáculo marcial.

ROMPIENDO LAS REGLAS: REBELIÓN

Sin lugar a dudas, la peor de la saga. Es una pena que esta nueva y reciente entrega baje tanto el nivel medio de la película. Lo primero que tuvimos es la aparición de un póster con tufillo amateur, un dibujo de los intérpretes de la película que no es muy atractivo a la vez que engañoso, ya que nos muestra a Michael Bisping en el centro. Y por desgracia para sus seguidores, no es, para nada, el protagonista de la película, si no un mero secundario, el matón principal de la villana. Es curioso que una película enmarcada en una saga puramente marcial, que ha ido añadiendo nombres del género a sus filas, use de secundario a Bisping, y sea su directora, Kellie Madison, la que realmente es el corazón de la historia tras su buena labor como directora en su proyecto The Gate, que tuvo a Amy Johnston y a Yayan Ruhian como protagonistas y estrellas de dicho proyecto. Y en su contra tenemos a la verdadera protagonista, la actriz, sin experiencia marcial, Olivia Popica, que interpreta a Anya, hermana de un luchador que, por culpa de sus relaciones con la mafia de las MMA, se verá obligada a participar en una competición ilegal para pagar la deuda de su hermano, con contactos con el tráfico de mujeres. Temas típicos como las competiciones ilegales para élites corruptas junto al drama personal de la protagonista, aderezado por combates del montón, un trabajo sencillamente correcto de Tim Man, consciente de los actores ajenos a las artes marciales que copan las secuencias de combates.

De esta forma asistimos a una película totalmente prescindible, que no sabe usar del todo los escasos buenos elementos, más pensada en ofrecer aspectos oscuros del ser humano, demasiado tópicos, para una entrega de una saga que recuperaba la calidad marcial en la serie B. Una cuarta parte desganada, bien rodada e interpretada, pero con un guion demasiado malo como para considerarse realmente una nueva entrega de las tres anteriores. Una película demasiado plana, con buenas intenciones pero que olvida la importancia de las artes marciales. La losa de Warrior pesa demasiado y termina por enmarcarse en ese subgénero que trata de imitar el éxito dramático de la película con Tom Hardy. Pero el equilibrio con las propias MMA, o incluso las artes clásicas de la tercera entrega, consiguieron ofrecernos dos entregas que satisfacen al amante de este cine, por lo que el bajón marcial de la cuarta, le pasa factura.

Una peli más, que puedes ver o no, recordar o no, ajena a lo anteriormente construido, tanto respecto a la historia de Walker, como al tono e intenciones. Una lástima desperdiciar a Bisping, cuya carrera en el cine no logra despegar. Tim Man, por su parte, empalma rodajes sin cesar, y se puede permitir el lujo de no esforzarse con esta película, como dije antes, consciente del material con el que trabaja en cada proyecto. No es lo mismo entrenar a actores para una producción de bajo presupuesto, sin ningún gancho comercial real del que tirar, que encargarse de la acción en Ganapath (2021), lo próximo del gran Tiger Shroff.

FINAL: FUTURO DE LA SAGA

Pues no tengo muy claro que tenga mucho futuro, la verdad. Si no consiguen que Jai White regrese, para poder lucirse, dadas sus últimas apariciones, lejos de la calidad de tiempos como Invicto 2 o Falcon Rising. Quizás buscar a un nuevo héroe marcial, algún nuevo valor que aporte frescura al género, o una macroreunión de gente como Jai White, Adkins, Marko Zaror, Matt Mullins, José Manuel y demás estrellas del cine marcial occidental actual, por mucho que se encuadre en la serie B, pero esa serie B que amamos y disfrutamos. Ahora que está de moda el concepto de universo fílmico, cruces de sagas podrían ser una salvación a un género algo decaído. Que Boyka conozca a Case Walker, que le ayude a entrenar a jóvenes descarriados, y que tengan que enfrentarse a alguna clase de mafia de las MMA, por decir algo. O alguna estrella india como Tiger Shroff o Vidyut Jammwal, apareciendo como estrella invitada… Soñar es gratis, pero es que si no es alguna de estas combinaciones, como mínimo el regreso de Walker y Jai White, prefiero que no continúe esta saga, vista la última entrega.

 

 

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