Las 36 cámaras de SHAOLIN

Las 36 cámaras de SHAOLIN

Muchos son los clásicos del cine marcial, pero sí existen una serie de títulos que sobresalen de entre toda la producción existente, y muchos de ellos pertenecen a la década de los sesenta en Hong Kong y China. El cine de Kung Fu lleva ofreciéndonos las mejores artes marciales en el cine gracias sobre todo a la Shaw Brothers, la antaño todopoderosa productora y distribuidora, en cuyas filas militaron la flor y nata del género, tanto delante como detrás de las cámaras. En este artículo vamos a conocer un poco más una trilogía de películas indispensable en cualquier videoteca (o dvdeteca) de los amantes del cine marcial. Tres largometrajes con un director y actor comunes que ayudaron a que la fama de los monjes Shaolin, ya patente, se acentuase, uniendo además al actor Gordon Liu con la imagen de monje del mítico templo que tantas buenas, regulares y malas películas nos han dado.

Un personaje y templo habitual en el cine hongkonés de artes marciales que aquí se transforma en el arquetipo de monje imbatible, poseedor de habilidades únicas fruto de entrenamientos sobrehumanos.

LOS SETENTA: ESTADO DEL CINE MARCIAL

La década de los setenta había comenzado con la irrupción de Bruce Lee y su repentina desaparición en 1973, por lo que la industria se decidió a buscarle sustituto y creando así la Bruceploitation pero sin olvidar otro tipo de cine, el mismo de antes de la aparición del Pequeño Dragón, de corte más clásico y fue en esta década donde gente de la categoría del director Chang Chah nos había ofrecido numerosas películas consideradas clásicas como Todos los Hombres eran Hermanos (1973), Heroes Two (1974) o Disciples of Shaolin (1975) Aventuras marciales épicas en épocas pasadas poblaron los cines durante gran parte de los setenta, pero que ya a finales demostraba cierto cansancio, sin el mismo apoyo que antes.

Esto, sumado al éxito de la televisión a partir de 1973, de mano de los hermanos Shaw de nuevo, y el auge de nuevo de los rodajes en cantonés, sustituido por el mandarín, hizo que comenzasen a aparecer nuevos valores en diferentes géneros, como los hermanos Hui, que eran estrellas en la emergente televisión y que con sus comedias impulsaron la maltrecha cinematografía hongkonesa. La Golden Harvest había empañado el éxito de los Shaw gracias al contrato de Bruce Lee y ahora volvía a hacerlo tras contratar a los Hui, por lo que el año 1978 supuso un antes y un después para el cine local. La mencionada Bruceploitation tuvo a Jackie Chan entre sus integrantes, apareciendo de mano de Lo Wei, el director de los dos primeros largometrajes de Kung Fu de Bruce Lee, como un posible sustituto, pero sin la suerte esperada.

Un puñado de películas casi bochornosas engordaron el currículum de Jackie hasta ese 1978 donde firmó con la pequeña productora Seasonal y con quienes protagonizo La Serpiente a la Sombra del Águila y El Mono Borracho en el Ojo del Tigre. Clásicos donde los haya, catapultó a Jackie al estrellato para terminar firmando con la Golden Harvest y seguir subiendo y subiendo hasta convertirse en la estrella que es hoy en día. La Shaw seguía apostando por su cine más clásico, y a la vez que se estrenaban estos films de Jackie, estrenaba Las 36 Cámaras de Shaolin con Liu Chia-Liang (o Lau Kar Leung en cantonés), actor, especialista y novato como director, con sólo tres películas antes de ésta. Pero hablar de este hombre y de Gordon Liu, el protagonista, son palabras mayores y debemos darles el respeto que se merecen.

LIU CHIA-LIANG Y GORDON LIU

Nacido el 1 de agosto de 1936 e hijo de Lau Cham, alumno a su vez de Lam Sai Wing, uno de los principales discípulos del famoso Wong Fei Hung, por lo que podemos decir que de casta le viene al galgo. De hecho, toda la familia es artista marcial, actores o coreógrafos. Liu comenzó su aprendizaje a los siete años de edad, y durante su adolescencia comenzó a trabajar como especialista, actor secundario y coreógrafo, apareciendo en un buen número de largometrajes sobre Fei Hung durante los años 50, convirtiéndose en una de las estrellas de la Shaw Brothers en películas como El Espadachín Manco (1967), Todos los Hombres son Hermanos (1972) o Los 5 Maestros de Shaolin (1974), siendo un colaborador habitual de Chang Chen, uno de los directores clásicos del cine de Kung Fu.

En 1975 saltaba a la dirección con El Mono Tramposo sobre el Fuego Sagrado (Shen Da AKA The Spiritual Boxer), labor que seguiría realizando durante los setenta y los ochenta. Esta última década terminaba con el declive de la Shaw, pero no impidió que Liu continuase brevemente su carrera como director con La Leyenda del Luchador Borracho y su secuela, continuaciones de El Mono Borracho en el Ojo del Tigre (1978), de Jackie Chan. Esto es bastante importante ya que el propio Liu Chia-Liang siempre ha afirmado que el cine de Kung Fu y comedia que popularizó Jackie Chan era creación suya, y en parte razón no le falta ya que se puede ver esta comedia en muchos de sus films. Por ello, cuando Jackie quiso contar con él para la secuela en 1994, parecía una especie de justicia poética, aunque no fue tan bonito como podría parecer. Los conflictos con Jackie por los estilos de lucha obligaron al director a abandonar el final del rodaje.

Para terminar el repaso a su vida, hay que mencionar que se casó en dos ocasiones, con la productora Ho Hsiu-Hsia, con quien se divorció en 1978, y con Yung Jing-Jing, actriz de origen vietnamita también conocida como Mary Jean Reimer, con quien tuvo dos hijas y que acompañó a Liu hasta su fallecimiento el 25 de junio de 2013 por culpa de la leucemia. Pero no he mencionado un dato muy importante que tiene que ver con esta trilogía que es realmente lo importante del artículo, su relación con Gordon Liu, hermano adoptado y que tras una ceremonia privada se convirtió oficialmente en algo parecido a un ahijado. Con él colaboraría en numerosas ocasiones, realizando grandes clásicos como El Luchador Invisible (1983) o la trilogía que más adelante veremos.

Gordon Liu nació el 22 de agosto de 1951 (aunque otras fuentes mencionan el 22 de octubre o 22 de noviembre) como Xian Jinxi en Guangdong. Comenzó a estudiar Kung Fu sin permiso de sus padres (y escapándose del colegio) bajo la tutela del Sifu y también actor, director de acción Lau Cham, terminando acogido como uno más de la familia, que incluía a Liu Chia-Liang. Fue en esta adopción, alentada por la mujer de Lau Cham, donde cambió su nombre por el de Liu Chia-Hui, mientras que el Gordon surgió mientras estudiaba en un colegio inglés de Hong Kong. Trabajó como oficinista en una empresa de envíos, pero su interés por las artes marciales le consiguió, gracias a su hermano Liu Chia-Liang, poner un pie en el mundo del cine, comenzando como especialista para rápidamente dar el salto a protagonista, co-director, coreógrafo, convirtiéndose en un habitual de la Shaw Brothers participando en films como Marco Polo (1975), El Desafío de los Maestros (1976), donde interpretó a Wong Fei Hung o Executioners from Shaolin (1977) A pesar de ya tener una reputación, fue en 1978 cuando con el estreno de Las 36 Cámaras de Shaolin le catapultaron, creando así un vínculo entre la imagen de Gordon Liu y un Monje Shaolin, llegando a encasillarse en una industria que no dejaba de crear títulos de Kung Fu llenos de monjes Shaolin defendiéndose del invasor manchú, para deleite de sus fans.

Dirty Ho (1979) o Martial Club (1981), de nuevo como Fei Hung, son algunas de sus grandes películas. Cambió de género, o de época, con participaciones en films que transcurrían en la actualidad, saltando a otros subgéneros que mantenían casi siempre la presencia de artes marciales, incluyendo ser villano en títulos como El Último Héroe de China (1993) contra Jet Li. Un nombre estelar que ha permanecido en la conciencia colectiva hasta llegar a contar con un homenaje en las dos entregas de Kill Bill (2003-2004), de Tarantino, que le llamó para interpretar dos papeles, el de uno de los líderes de los 88 Maníacos, y el del maestro de Kung Fu de la protagonista, Pai Mei. Cine y televisión han mantenido la carrera de Gordon Liu, detenida bruscamente cuando recibió un golpe en la cabeza, causándole parálisis parcial y mandándole al hospital en el 2011. A pesar de haber mejorado bastante, no volveremos a ver a Gordon Liu delante de las cámaras, con una vida algo convulsa por temas familiares, temas algo escabrosos sobre abandonos a Gordon e intereses económicos. Un triste episodio en la vida de toda una leyenda del cine de Kung Fu.

LAS 36 CÁMARAS DE SHAOLIN (1978)

Sin lugar a dudas, el comienzo de este film es mítico, a pesar de ser el habitual en el cine de Kung Fu clásico. Los créditos se suceden mientras vemos al protagonista, Gordon Liu, ejecutar técnicas de lucha con diferentes armas, caracterizado ya como monje, pero tras ellas conoceremos al personaje antes de entrar al mítico Monasterio. Hay que presentar el marco histórico, con los manchúes como enemigos de los Han. Aquí hay que indicar que los chinos han usado el término tártaro (que es el usado en la edición doblada en castellano) para referirse a etnias diferentes a la han, siendo ésta última el 92% de la población china según datos de hace unos años, es decir, los han serían los chinos como tales, usando así dicho término, tártaros, para los manchúes o incluso mongoles.

Los manchúes son los habituales villanos en el cine clásico, y aquí no es una excepción. Dicho esto, continuemos con el film, presentando a unos estudiantes deseosos de combatir al pueblo invasor. Uno de los rebeldes demostrará una técnica de Kung Fu Shaolin, dejando a los estudiantes, también rebeldes, deseosos de aprender, a pesar de la negativa de los monjes. La lucha entre los rebeldes y los manchúes llevará a la muerte al profesor de los estudiantes y a la huida de Liu Yu De (Gordon Liu), uno de los principales discípulos del asesinado maestro mientras sus compañeros son encarcelados. La familia del protagonista está muy relacionada con los rebeldes, por lo que son asesinados ante la impotencia del joven estudiante y del resto de compañeros. Estos brutales asesinatos llevarán a Liu a querer estudiar Kung Fu y al tener que huir, decidirán viajar al Templo de Shaolin. Durante este viaje, Liu perderá a su mejor amigo, siendo además herido. Es ayudado por un posadero, que le esconderá en un pedido de comida para el templo, por lo que terminará llegando a su destino malherido.

Y aquí es donde podríamos decir que realmente empieza la película, con la admisión y entrenamiento del joven en la disciplina Shaolin. Será admitido como estudiante y comenzará a estudiar el Budismo y su estilo de Kung Fu. Si el cine de Kung Fu está lleno de entrenamientos asombrosos (tema que da para otro artículo), aquí roza lo mítico, con secuencias que se han convertido en clásicas gracias a las 35 cámaras para aprender Kung Fu, además de la 36 del título, acompañando al rebautizado Liu, como San Ta (o San Te, dependiendo de la fuente y la traducción) por ellas. Este entrenamiento está íntimamente ligado a las enseñanzas budistas, un camino que recorrerá San Te con los espectadores, mitificando así el Templo Shaolin, sobre todo para los espectadores occidentales. Poco a poco nuestro monje protagonista irá pasando de cámara en cámara hasta convertirse en todo un experto luchador y monje budista. El indudable carisma de Gordon Liu llena la pantalla, junto a su espíritu de superación, creando una empatía con su personaje estupenda y llegando a olvidarnos de su búsqueda de la justicia.

El entrenamiento roza lo fantástico o incluso lo sádico, como ese momento del transporte del agua con cuchillas atadas a los brazos, impidiendo bajarlos para no apuñalarse. Este concepto del entrenamiento sádico es un recurso habitual en este cine, haciéndonos disfrutar de este tipo de secuencias, a pesar de lo duro que es para los protagonistas. Mientras en otros films el entrenamiento dura bastante menos, para ofrecernos la venganza o justicia que buscan los protagonistas, aquí ocupa gran parte del metraje, diferenciándose así de otras películas y siendo, por lo tanto, lo que hace tan grande a este film, además de la forma de rodar estas escenas, de forma espectacular, con sus ralentizaciones y demás efectos visuales que, de nuevo, en otras películas, se usan para los combates.

Y dichos combates, durante este entrenamiento, son de altísima calidad, aunque sean de entrenamiento, como los duelos que tiene Gordon Liu contra el actor Lee Hoi-Sang (El Hijo Pródigo), sumamente técnicos, como todos. El personaje de Liu además es el creador de dos cosas, según el film, del nunchaku de tres secciones, y de la cámara 36, para enseñar Kung Fu a los laicos, a pesar de chocar con las reglas del propio monasterio de involucrarse en la política. Y en su tramo final asistimos al uso de todo lo aprendido en un combate magistral. Llegados a este punto, hay que hablar del reparto, que no sólo es Gordon Liu. Tener a Lo Lieh como villano es un dato a tener en cuenta, con ese combate final mencionado tan depurado. Pero tenemos a más gente conocida, como el mismísimo Maestro Borracho, Simon Yuen Siu Tin en un papel menor, o al actor, coreógrafo y director Lau Kar Wing. Sin duda actores que, aunque aparecen como secundarios, aportan su técnica a una película realmente mítica.

RETORNO A SHAOLIN (1980)

El éxito llevó a la Shaw Bros a esta secuela, aunque Gordon Liu no interpretó a San Ta, si no a otro personaje. Tras un comienzo viendo a Liu como monje haciendo cosas excepcionales mientras van pasando los créditos, conoceremos el drama de una fábrica textil donde los manchúes, de nuevo, se imponen sobre los chinos. El hermano de uno de los trabajadores es Ah Chieh (Liu), que finge ser monje Shaolin para conseguir dinero. Tras recibir una paliza por parte de los manchúes, los trabajadores decidirán pedir que Chieh que finja ser el mismísimo San Ta. Pero el engaño no durará eternamente, descubriendo al impostor. Todo esto conllevará momentos de comedia, algo de lo que la original carecía. Finalmente Chieh intentará colarse en el mítico monasterio, con una sucesión de escenas de entrenamiento donde veremos nuevas cámaras e incluso a San Ta, pero interpretado por King Lee King-Chu (El Luchador Invisible) En el monasterio, le encargá el mismísimo San Ta que construya andamios para cogerle como discípulo, cosa que finalmente no será cierta, pero que hará que Chieh cree un nuevo estilo de Kung Fu, el Estilo de los Andamios.

Así, como suena, y si puede parecer una idea tonta con el único objetivo de crear estilos cada vez más marcianos, en manos de Liu Chia-Liang sólo puede convertirse en una obra de arte. Las aplicaciones que hace el protagonista de su técnica de montar andamios, atando y demás, son asombrosas, que junto a una ejecución impecable nos deja boquiabiertos de la maestría de los combates en su segunda mitad, con un Gordon Liu maravilloso y apoyado por Kong Do, o Chiang Tao, un habitual de la Bruceploitation o Kwan Yung-Moon. Tenemos, por cierto, a Kara Hui, pero no da una triste patada, aunque andamos servidos de Kung Fu. Digna sucesora de la original de la que se distancia mucho para ofrecer otra muestra de genialidad marcial. La dirección es la esperada, con sus ralentizaciones en momentos épicos, pero sobre todo en los entrenamientos. La película de va de menos a más y es sumamente espectacular. Liu se luce como nunca, siendo totalmente convincente en su papel de inexperto a todo un maestro y cabe destacar de entre todas las peleas, aquellas que le enfrentan a enemigos armados con banquetas, todo un deleite para el espectador.

DISCÍPULOS DE LA CÁMARA 36 (1985)

Tuvieron que pasar cinco años para el regreso de San Ta, a pesar de aparecer en 1981 en Shaolin Drunken Monk, que aparece en algunas biografías como parte de la trilogía. Este monje borracho es en realidad una película independiente, explotando el papel de monje Shaolin a Gordon Liu, rodada en Corea con una historia de venganza. El auténtico punto final a la trilogía volvía a poner a Liu en la piel del protagonista de la primera entrega con su padrino dirigiendo y coreografiando, además de ser obra suya el guion. Los créditos cambian esta vez con una historia teatral antes de conocer a Fang Xiaoyu, un estudiante algo infantil pero experto en Kung Fu que, tras un altercado con los manchúes y junto a sus dos hermanos, será enviado a ocultarse en el Monasterio Shaolin, estando además bajo la tutela del mismísimo San Ta.

Y de nuevo tendremos entrenamientos y nuevas cámaras que conocer a través de los tres hermanos, momentos cómicos por la rebeldía de los protagonistas, y un Gordon Liu perfectamente asentado en su personaje de Maestro Shaolin. Pero por desgracia es la peor de las tres entregas, una película que da algo de pereza ver por lo histriónico de Chan Kwok-Keung, que se encarga de interpretar a Xiaoyu.

Demasiado cargante para llevar el peso protagonista, aunque Gordon Liu se encarga de mejorar las cosas en su tramo final. Las coreografías son buenas, pero lejos de la innovación que supuso las dos primeras partes. Es un buen cierre que parecía buscar el lanzamiento de Chan como estrella, siendo casi su única incursión como protagonista, cayendo en personajes secundarios y de extra en años posteriores. No tenía madera de estrella, a pesar de su buen hacer marcial, una técnica depurada, pero sin ese algo que le catapultase.

Y estas son las tres películas que conforman la Trilogía de las 36 Cámaras, clásicos del género que marcaron un hito en el cine de Kung Fu hongkonés, con una de las mayores estrellas y uno de los tres denominados directores clásicos. El cine marcial suele usar ciertas claves, como todo subgénero, explotadas en numerosas producciones alimenticias, tanto para sus intérpretes como para el público, saciando el hambre que tenemos de ver buenos combates, pero de vez en cuando surgen títulos que despuntan, y Las 36 Cámaras de Shaolin es una de ellas, y vino acompañada de dos títulos que, a pesar de la continuidad entre ellas, ofrece algo más, una relectura del término trilogía, con un estupendo uso de los actores, rompiendo el esquema mental que nos hacemos cuando sabemos que vamos a ver, en este caso, una película de Gordon Liu.

El uso de los mismos actores en otros personajes, permitieron a Gordon desarrollarse como actor, cierto dentro de unos límites, claro, pero que en todo caso enriquecieron la propia trilogía, y demostrando que eso mismo es lo que hizo a la Shaw, nada habituada con las secuelas, a apostar por no una, sino dos entregas más con el tema de las cámaras de Shaolin de fondo. Tres títulos esenciales que debería tener cualquier fan del cine de Kung Fu.

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