Dirigir Cine de Acción: el camino correcto e incorrecto

Dirigir Cine de Acción: el camino correcto e incorrecto

Cuando vemos una película de artes marciales, son las mismas las que tienen que brillar. Sí, podemos querer, e incluso tener, una buena historia, unos buenos personajes y unos buenos actores, pero si es de artes marciales, debemos poder disfrutar de cada técnica, cada patada o cada puñetazo. Por ello, debe existir una conjunción entre diferentes elementos que serán los que nos regalen, o no, cada escena de lucha que vemos en el cine. Tanto las propias coreografías y ejecución, como la elección de planos, la iluminación, el montaje e incluso el vestuario, son elementos que deben remar a favor para que esos momentos de peleas, sean algo más que una amalgama de golpes inconexos grabados por un cámara con serios problemas de pulso, algo, por desgracia, característico de gran parte del cine comercial de Hollywood…

El cine marcial proviene tanto de Asia como de Occidente, pero las diferencias entre cómo entienden sus conceptos e importancia difieren tanto que podemos separar a nivel técnico el resultado del cine de género occidental del asiático. No obstante, podemos ver errores similares en cualquier cinematografía, a pesar de las diferencias estilísticas, algo a lo que volveré de vez en cuando, pero para evitar mareos, vamos a ir en orden, nombrando cada elemento y explicando las diferencias entre rodar una buena y mala escena de artes marciales.

El primer elemento es el básico, las coreografías. No me voy a extender mucho en este sentido, ya que es evidente que, si hablamos de disfrutar al cien por cien de una secuencia de lucha, lo mínimo que debe tener son buenas coreografías. No obstante, sí voy a mencionar diferentes formas de planificarlas, ya que existen coreógrafos y directores de acción (casi siempre los mismos directores de segunda unidad) que elaboran sus coreografías en todos sus aspectos, mientras que otros no preparan nada hasta ver los escenarios, naturales o no, para poder usar el espacio como elemento dentro de sus diseños coreográficos de la acción.

El diseño es algo vivo, orgánico, que explica en muchas ocasiones personalidades de personajes, como los dos estilos de Kung Fu que usa Jet Li en El Único (2001), el Xing Yi Chuan el villano, y el Baguazhang, o Pa Kua el héroe, uno de movimientos directos y fuertes, y el segundo, suave con movimientos circulares. Y, claro está, las peleas suelen ser representaciones de la eterna lucha entre el bien y el mal, con sus códigos de honor, algo habitual en el cine clásico, por lo que representan algo más que una serie de técnicas para pegarse.

Sea de la forma que sea, una vez que tenemos todas las peleas preparadas, necesitamos que tengan una buena ejecución, y eso se consigue básicamente con entrenamiento y ensayos. Podemos tener actores marciales, o solamente actores, por lo que el trabajo, en este segundo caso, se duplica para que pueda ejecutar las diferentes técnicas. Pero no puedo evitar indicar que incluso los actores con experiencia marcial, deben adaptarse al estilo marcado por el coreógrafo. Es decir, si Sammo Hung coreografía a Van Damme, como en El Ojo del Huracán (1998), las técnicas que veremos tendrán cierto aspecto de Kung Fu, por mucho que el bueno de Sammo use las habilidades del belga a favor. Un entendimiento mutuo entre las ideas del coreógrafo y las habilidades características de los actores deberían ser el eje del diseño final de la acción que veremos en la película o serie de televisión, sacando así el máximo provecho de las dos partes y para beneficio del resultado final de la producción y para deleite del espectador.

Los ensayos de las coreografías deben ser estrictos, para evitar accidentes, y deben incluir entrenamientos físicos que favorezcan la credibilidad del actor, sepa o no pelear. Una vez que hemos conseguido esto, los resultados pueden ser espectaculares, como demuestran, por ejemplo, los intensos entrenamientos del actor y cantante surcoreano Rain para Ninja Assassin (2009), sobre todo si tenemos en cuenta que Rain no tiene experiencia marcial. Claro está que tenemos a los especialistas para doblarles en técnicas complicadas o con riesgo, pero ese es otro tema, que se conecta con el siguiente elemento que ya veremos cómo ha llegado a estropear el trabajo del coreógrafo.

Me refiero a la elección de los planos, a la propia dirección de la película. Y, como he dicho, es algo muy importante ya que es, evidentemente, la forma en la que el director nos va a mostrar las secuencias de acción. La elección del tamaño del plano, del movimiento o ausencia del mismo de la cámara, mostrará en mayor o menor medida las técnicas de las coreografías. Si nos fijamos, de nuevo, en el cine de Hong Kong, ya sea clásico o más actual, solemos tener planos amplios, generales, que incluyen movimientos como travellings, dejando que veamos cada técnica perfectamente, y largos de duración, un trabajo que va íntimamente ligado al montaje. Estos planos abiertos y de varios segundos de duración, repletos de técnicas de lucha, se suceden uno tras otro, pero siempre permitiendo ver esas técnicas, y aunque sean planos en movimiento, la cámara no vibra, otro rasgo habitual del cine de Hollywood. Pongamos un ejemplo, una pelea de La Leyenda del Luchador Borracho (1994) de Jackie Chan, con una de la saga Bourne, para entender las diferencias…

Por muy buenas que sean las coreografías, si la cámara no nos deja apreciar las técnicas, difícilmente podremos disfrutar como se merece el trabajo del coreógrafo, especialista o actor que la ejecuta. El dinamismo de muchas películas se centra en la propia cámara, ignorando el ritmo y el propio dinamismo interno de las coreografías. No hace falta mover la cámara como si estuviésemos en un terremoto. Sí, es evidente que suele buscar cierto dramatismo a la escena, pero en muchas ocasiones va en detrimento de la propia acción. Y, de nuevo, está todo esto íntimamente ligado a otro factor, la iluminación.

Si tenemos un buen tamaño de plano, con una duración adecuada, nos falta que la luz sea buena. Es difícil en este siglo XXI, encontrar películas mal iluminadas, pero en muchos casos nos hemos encontrado películas cometiendo este error. También tiene mucho que ver el vestuario, ya que podemos empastar a los personajes con el fondo. Si unimos esos planos cerrados con un montaje picado, de escasos segundos por plano, junto a, por ejemplo, un contraluz (la luz principal detrás de los personajes) y una ropa oscura, está claro que no vamos a ver nada de la pelea. Pero si, por el contrario, los planos son abiertos, un buen montaje, y ese contraluz, pero con una ropa adecuada, podremos disfrutar de cada técnica que veamos.

Todos estos factores pueden ser bien o mal usados. Muchas veces depende del director o del director de acción (normalmente el de segunda unidad), y de su visión. Cuando hablamos de cine marcial, está más claro que el agua que son las artes marciales las protagonistas. Un buen ejemplo son las sangrientas peleas de las películas de la Shaw Brothers, que con ese aire teatral del que bebía el cine de Kung Fu hongkonés, mostraban a la perfección el trabajo del coreógrafo, de los actores y especialistas, apoyándose en profesionales del montaje que seguían las indicaciones de los expertos en el cine de acción. Gente que lo entendía y entiende, y que hace tan necesario el trabajo del coreógrafo o coordinador de especialistas como se merece. Sin ellos, no tendríamos buena acción, pero si el director de la película no piensa que la acción es la protagonista de este tipo de secuencias, mal vamos. Por algo muchos coreógrafos o coordinadores están saltando a la dirección.

Larnell Stovall
Larnell Stovall e Isaac Florentine en “Invicto 3”

Gente como Larnell Stovall, Chad Stahelski, David Leitch, Brett Chan, Sam Hargrave o J.J.Perry han dado el salto, en cine y/o televisión. Gente que se ha forjado a fuego como especialistas, como artistas marciales, que han tenido la suerte de contar con estupendos directores que han respetado su trabajo, logrando que el trabajo coreográfico, su ejecución, La elección de planos, el montaje, vestuario e iluminación trabajen en favor del propio género. Factores decisivos para que podamos disfrutar de este tipo de cine de la forma correcta y que satisfagan al fan del género, que existe. No queremos peleas de artes marciales como complemento “exótico” a la película, sobre todo si no vamos a poder discernir qué arte marcial está usando el personaje. Así que, ya sabes. Si tienes pretensiones de dirigir cine marcial, ya sea un corto o un largometraje, acuérdate de rodar de forma correcta todas las secuencias, dando la importancia que cada una de ellas necesite. Si es un drama, puedes usar planos cerrados, para acercarte al personaje, sentir su soledad o cualquier otra cosa, pero si vamos a ver a alguien saltar para patear a su enemigo, no olvides que queremos ver eso, al héroe en salto pateando a su enemigo, y no la cara del bueno mientras salta y al villano caer sin saber si le ha dado una patada o un puñetazo.

Fuente: JOHN FRANCIS MCCULLAGH · PREMIUMBEAT.COM

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