Las espadas GANCHUDAS

Las espadas GANCHUDAS

 

En la galardonada película “Tigre y Dragón” (“Crouching Tiger, Hidden Dragon”), en la escena cumbre de combate entre las dos guerreras casi al final de la película, puede verse como la maravillosa Michelle Yeoh combate contra Zhang Ziyi con unas extrañas armas manejadas por pares, asiendo un arma con cada una de sus dos manos, las cuales consistían en una especie de espadas engarfiadas en uno de sus extremos con la que lograba bloquear y enganchar la espada recta de su adversaria. Estas armas serán el tema del presente artículo.

 

Las espadas ganchudas son un arma típica del Norte de China y su manejo es enseñado en algunos estilos de Kung-fu tradicional. Dependiendo del estilo son denominadas de distintas formas, siendo las más conocidas en la actualidad las siguientes: Fu Tao Gnao, o “Garfios de Cabeza de Tigre”, y Fong-lan Tao Gnao, o “Garfios de Cabeza de Fénix”, mientras que en Wu-shu moderno se las suele llamar por el apelativo: Shuang Gou, siendo T’ieh Ch’ing Chi el nombre más usado en la antigüedad, como indicaré a continuación.

HISTORIA DE LAS ESPADAS GANCHUDAS.

La inventiva de los chinos es asombrosa, a lo largo de la historia lo han demostrado sobradamente y, claro está, con las armas blancas, y más concretamente con las espadas también se tenía que ver su ingenio: los herreros y antiguos diseñadores de armas vieron que sus espadas rectas eran estupendas para parar los golpes y tajos de otras espadas, sables y demás armas, y devolverlos, pero ¿por qué no idear una espada con la cual se pudiera parar y enganchar el arma atacante? si existiera una espada así sería una clara ventaja para aquel que la manejara, pues el enemigo quedaría indefenso ante un ataque subsiguiente.

Para crear este nuevo tipo de espada los chinos se inspiraron en un arma ideada por el célebre general Yueh Fei: la espada T’ieh K’ou.

El T’ieh K’ou.

Este famoso general de mediados del siglo XII, leal a la dinastía Sung, luchó junto con sus tropas, llamadas las Yueh Gar Chun (o “Tropa de la Familia Yueh”), contra los invasores Chin, en una época caótica de desmembración de la nación china.

En aquella época las grandes batallas generalmente se resolvían en grandes llanuras con el fin de poder maniobrar fácilmente los enormes ejércitos, a veces compuestos cada uno de ellos por más de cien mil hombres (se tienen datos documentales que nos informan que en algunas batallas morían más de diez mil hombres en una sola jornada). En estas batallas los hombres luchaban a pie (la infantería) comandados por sus oficiales, que iban de pie sobre carros de combate tirados por dos, tres o cuatro caballos dependiendo del peso del carro (hoy día sería la división acorazada), junto al oficial -que dirigía desde el carro su zona de la batalla- iba un auriga -encargado de conducir el carro-, y un lancero -que protegía a los otros dos componentes del equipo con larga armas de asta (lanzas, tridentes, alabardas…)-, y a veces, en los carros más grandes, también iba un arquero.

La forma de guerrear en ese tiempo era muy extraña (según nuestros cánones): cada carro de combate intentaba llegar a la altura de un carro enemigo, y los oficiales y lanceros luchaban por la supremacía de su zona de batalla (apoyados a veces por los arqueros), el carro que vencía se hacía con la zona en litigio y los soldados de infantería enemigos se rendían al carro vencedor. Mientras que los oficiales propios no fueran vencidos los soldados de infantería podían intentar acabar con los ajenos, ya que la obligada rendición si resultaban vencidos sus oficiales podía significar su propia muerte (las crónicas nos dicen que después de una guerra se podían llegar a degollar hasta cuarenta o cincuenta mil soldados cautivos, de esta forma los vencedores sabían que esos soldados no se volverían a alzar en armas).

Esta extraña forma de combate empezó a ser vulnerada por uno de los generales Chin llamado, según algunos textos, Wuh Jwu, usando los carros como ariete contra las tropas Sung. Con este uso los carros eran peligrosísimos, pues al ir a la carrera en vanguardia lograban arrollar y destrozar físicamente las primeras filas de la infantería del ejército contrario, minando la moral de las siguientes filas, las cuales en muchas ocasiones se dispersaban aterrorizadas, con lo que la infantería que iba inmediatamente detrás de los carros podía dar fácil caza a muchos enemigos antes de que el grueso del ejército enemigo se reagrupara y ofreciera resistencia.

El detener el avance de estos carros (llamados: Kua Tzu Ma) era algo muy difícil pues, al estar los caballos que tiraban de ellos totalmente acorazados con armaduras protectoras (que cubrían la cabeza, el cuello, el pecho y los flancos de los equinos), no se les podía frenar, tan sólo se podía intentar volcar el carro rompiendo los radios o la superficie de las ruedas o haciendo zanjas para que estas se hundieran en la tierra. Estas operaciones, usadas en general por todos los ejércitos, tenían como resultado que los carros quedaran destrozados y, por ello, no podían ser aprovechados posteriormente por las tropas vencedoras.

Yueh Fei pensó, muy acertadamente, que si acababa con la vida de un sólo caballo del tiro el carro quedaría inutilizado durante la batalla, al menos durante algún tiempo, el suficiente para matar a sus tripulantes y apresar el carro; de esta forma el vehículo aún sería aprovechable y podría usarse contra sus enemigos, tan sólo se deberían cambiar los caballos de tiro heridos o muertos, por lo que empezó a meditar sobre el problema y, después de algún tiempo, resolvió que la mejor manera de acabar con los caballos era atacando las patas de estos, las cuales estaban desprotegidas, ya que si hubieran estado acorazadas el avance del carro sería excesivamente lento. Debido al movimiento de las patas de los caballos cuando estos estaban galopando era muy difícil el acertarlas con flechas o jabalinas, ya que, además del movimiento que dificultaba la precisión del tiro, la superficie de lesión era muy pequeña, pues las mantas acorazadas tan sólo dejaban al aire desde el corvejón (la articulación media de la pata) hasta el casco. Pensó entonces que la mejor manera sería, primero, ralentizar el movimiento de las patas para poder acertarlas y, segundo, usar un arma que no punzara las patas, pues su delgadez hacía difícil la empresa, sino que lo mejor sería cortar directamente la pata, si se lograba mutilar tan sólo una pata de uno de los caballos el resto del tiro tendría que detenerse.

Con este pensamiento, Yueh Fei, ideó dos armas específicas para acabar con los caballos que tiraban de los carros de combate. Una de ellas era un arma defensiva que consistía en un escudo hecho con un arbusto parecido al junco y tan resistente como el mimbre llamado “tern“, y que dio nombre a la división de su ejército encargada de acabar con los carros: “La Tropa del Escudo de Junco” (Tern Pai Chun). Y la otra, para ser usada de forma ofensiva, consistía en una espada que terminaba en un gancho cortante en todo el filo, tanto interno como externo, que concibió a partir de la espada recta cuya hoja dobló en ángulo en el extremo puntiagudo. Esta primera espada ganchuda fue llamada:  T’ieh K’ou.

La manera de usar estas dos armas era muy imaginativa; los soldados se acostaban en el suelo cubiertos por los enormes escudos, que previamente habían engrasado en su parte exterior, y esperaban pacientemente a que llegaran los carros. Cuando estos estaban a pocos metros de los soldados que componían el Tern Pai Chun y ya no podían frenar llevados por la inercia, los soldados se incorporaban ligeramente, colocaban los escudos en un ángulo de unos cuarenta grados, apoyando uno de los extremos en el suelo y ayudándose como sostén y soporte de un grueso palo que apoyaban bajo el extremo contrario; de esta forma los cascos de los caballos resbalaban sobre la superficie engrasada y quedaban ligeramente frenados en su avance, lo suficiente como para que a los soldados les diera tiempo a cortar una o dos patas de uno de los caballos, simplemente rodeando la pata del caballo con la parte interna del gancho de la espada ganchuda y tirando enérgicamente hacia sí, de esta forma la pata era seccionada, y como consecuencia el caballo caía, frenando el conjunto caballos/carro. Lógicamente, con la brusca frenada los ocupantes del carro caían indefensos y eran masacrados por los soldados usando la parte media de las T’ieh K’ou. Cuando los carros Chin eran apresados, los carros y la caballería ligera Sung (creada por Yueh Fei), armados todos ellos con arcos, atacaba a la infantería enemiga apoyada por la propia hasta alzarse con la victoria.

El T’ieh K’ook.

Basándose en el diseño creado por el general Yueh Fei, sus compatriotas perfeccionaron la espada ganchuda de tal forma que pudiera ser usada para algo más que para cortar las patas de los caballos, y rematar a unos enemigos sorprendidos y lesionados por el brusco frenazo del carro. Para ser usada normalmente en combate, la T’ieh K’ou no era excesivamente eficaz, ya que por su diseño había perdido la capacidad de los ataques punzantes, y los movimientos, por la punta engarfiada debían ser en su mayor parte circulares o en ligero arco, aunque también se podía atacar a fondo, como si se estuviera punzando, con el resultado que el arma hería pero no penetraba demasiado en el cuerpo del enemigo debido a la gran superficie que impactaba contra el cuerpo, por muy afilada que esta fuera, por ello, este tipo de ataque rectilíneo para ser plenamente efectivo se debía reservar tan sólo para impactar en zonas con arterias superficiales importantes, como pueden ser las del cuello y las femorales.

A pesar de ser menos eficaz que una espada recta normal (la Chien) usándola para punzar y tajar, tenía la ventaja de poder enganchar un miembro del adversario y seccionarlo con facilidad simplemente jalando de la empuñadura; y también se podían desviar y enganchar con facilidad las armas de los adversarios pero ¿de qué le servía al combatiente enganchar el arma del adversario si no podía matarle? La respuesta fue simple e inmediata, se necesitaba asir un arma además de la espada ganchuda con el fin de poder herir o matar al adversario mientras que su arma estaba enganchada. Lo siguiente fue lógico, usar la espada ganchuda por pares para poder plenamente efectiva.

Esto estaba bien, pero como aquel que usaba las espadas ganchudas era generalmente un soldado que tenía menos pericia en el manejo de las armas que los oficiales, ya que estos tenían mucho tiempo para practicar mientras que los soldados debían realizar numerosas tareas cotidianas (acarrear utensilios, levantar y desmantelar campamentos, hacer zanjas y protecciones alrededor del campamento, etcétera), cuando se enfrentaba contra otro soldado podía salir victorioso con facilidad pero frente a un oficial esto no era tan fácil, pues sus expertas estocadas, evitando la peligrosa zona de enganche que podría dejar inutilizada su arma, se solían dirigir a las manos que empuñaban la espada ganchuda cuando no estaban a distancia de ataque al cuerpo.

Para evitar este tipo de ataque, el combatiente que usaba las espadas ganchudas necesitaba una defensa que protegiera la mano que empuñaba la espada. Esta defensa fue ideada en forma de una delgada lámina de metal en forma de media luna con la parte cóncava dirigida hacia el exterior, con aguzados extremos y con la parte interior de la media luna afilada, esto es, la que quedaba fuera del alcance de la mano del que manejaba la espada, la cual quedaba fijada a la empuñadura por medio de dos trozos de metal, uno de los cuales formaba parte de la guarda protectora situada en la empuñadura, mientras que el otro partía del pomo o parte final de la empuñadura de la espada.

La defensa, diseñada de esta forma, servía también como elemento de bloqueo y enganche, trizando el arma del adversario entre la hoja de la espada ganchuda y uno de los extremos afilados de la media luna, protegiendo en todo momento la mano que empuñaba el arma. Con la media luna protectora -tanto con su afilada parte cóncava como con sus afilados extremos- también se podía golpear y rasgar el cuerpo o miembros del enemigo.

A esta nueva etapa de la espada ganchuda se la llamó espada T’ieh K’ook, la cual, como perfeccionamiento adicional, se forjó el extremo engarfiado con una aguda punta. Curiosamente este nuevo diseño quedó fuera de los listados de armamento militar chino, por lo que es seguro que, aunque basados en el diseño de uso militar específico que ya he mencionado, estas nuevas espadas ganchudas se usaron exclusivamente en el ámbito civil, seguramente como parte del arsenal que portaban las escoltas profesionales de caravanas y transporte de mercancías valiosas.

El T’ieh Ch’ing Chi.

Pasado el tiempo la espada ganchuda fue estilizándose y simplificándose para hacerla menos pesada y manejable, por ello se eliminó la empuñadura, asiendo el arma directamente sobre la parte metálica que servía de hoja, la cual en ese lugar no estaba afilada y, como precaución adicional para evitar lesiones o cortes innecesarios, se envolvió con cintas o trapos el lugar donde debía agarrarse el arma. Además se alargó en forma de afilado y puntiagudo puñal de doble filo la parte final de lo que debía ser el pomo de la espada, para poder usar también esta parte de la espada, tanto de forma defensiva (bloqueando los ataques del adversario) como ofensiva (tajando y cortando con los laterales, y punzando con el extremo). El resto del arma permanecía como la ya descrita T’ieh K’ook.

De esta forma aparece en la historia la espada ganchuda prácticamente tal y como la conocemos en la actualidad, la llamada en su momento: Wu To Shuan Gull, también conocida por el apelativo de S’ung K’au, o Tao Gnao, aunque en épocas más modernas se la comenzó a denominar como: T’ieh Ch’ing Chi, conocidas también en occidente como “Espadas del Tigre”.

Aunque pueda parecer que el T’ieh Ch’ing Chi sea la última parte de la evolución de la espada ganchuda, en realidad existe un modelo algo más perfeccionado al que se suele denominar de la misma forma y que es prácticamente igual en forma y manejo a la ya descrita, la única diferencia consiste en que del extremo de la hoja con forma de gancho surge una corta hoja puntiaguda en línea longitudinal con el resto de la hoja central, que también está afilada en sus bordes. El diseño de esta arma se hizo para poder punzar directamente cuando se lanzaba una estocada hacia el frente, además de agarrar, rasgar, golpear y clavar con el resto de sus elementos.

LA EFICACIA EN COMBATE DE LAS ESPADAS GANCHUDAS.

La eficacia de estas armas está en que por el especial diseño del arma se puede usar toda ella para hacer daño en el oponente. Al estar afilados todos sus cantos (los de larga hoja ganchuda, los de la corta hoja en forma de puñal del extremo opuesto, y la parte cóncava de la medialuna protectora) y puntiagudos todos sus extremos (el del gancho, el del puñal que sobresale tras la empuñadura, y los dos opuestos de la medialuna), es un arma temible, pues la versatibilidad del arma se potencia enormemente. Con todo ello, se podían realizar diversos usos con el arma: enganchar, cortar, seccionar, punzar, etcétera, tal y como ya he ido describiendo en el apartado de la evolución histórica del arma, siendo sus diferentes movimientos técnicos muy complejos, pues sus trayectorias pueden ser directas o circulares, horizontales o verticales, e incluso diagonales, pudiéndose emplear en todos los planos anatómicos.

Además, al ser usadas por pares, la eficacia del arma se disparaba, pues se podía usar una de ellas para bloquear, enganchar y alejar el arma del enemigo al tiempo que se atacaba con la otra. A veces también se podía arrancar el arma de las manos del adversario dejándolo indefenso, simplemente jalando con fuerza de la empuñadura de la espada ganchuda una vez que el arma enemiga estaba enganchada; si no se podía arrebatar el arma, al menos el adversario quedaba desequilibrado unos instantes que eran aprovechados para penetrar en su defensa.

También se podía enganchar un brazo o pierna del adversario con una de las espadas ganchudas con el fin de desgarrar e incluso mutilar las extremidades del enemigo, al tiempo que se atacaba con las numerosas partes punzantes o cortantes de la otra. Incluso, de forma excepcional, se podían enganchar los garfios de ambas armas para transformarlas en un arma flexible, girándola a gran velocidad como si de un mortífero látigo metálico se tratara, con el que se podía rasgar con facilidad la piel y la carne del enemigo con sus innumerables partes afiladas (tal y como puede verse en la citada película) y además con la ventaja de mantener alejado al enemigo.

EL ENTRENAMIENTO CON  LAS ESPADAS GANCHUDAS.

El manejo de las espadas ganchudas es especialmente difícil, ya que se suman varias dificultades, siendo las más importantes:

1/ La dificultad de manejar dos armas a la vez, una con cada mano, lo cual obliga al artista marcial que maneja esta arma doble a que su mente esté despierta y alerta para lograr que las dos armas sean plenamente eficaces. Por ello debe educarse en el ambidestrismo y manejar eficazmente las dos armas con las dos manos, siempre con movimientos coordinados, ya sean sincrónicos (esto es, que las dos armas realizan el mismo movimiento), antagónicos (realizando movimientos contrarios cada una de las armas) o asincrónicos (realizando las armas movimientos diferentes).

2/ Otro obstáculo que hay que salvar a la hora del manejo de las espadas ganchudas estriba en la forma de cada una de las armas, pues su larga longitud (sobre todo en el extremo no ganchudo) hace difícil su manejo. Hay que tener en cuenta que las manos que empuñan las armas deben estar ligeramente separadas del cuerpo, pues en caso contrario aquel que las usa puede golpearse (y herirse) con los puntiagudos extremos; otro tanto pasa cuando los brazos se acercan, pues deben estar lo suficientemente separados como para que los afilados extremos no les hieran.

3/ Otra dificultad tiene como base las peculiares características del arma, al estar afilada por todas partes, exceptuando la zona donde están sujetas las vendas, es prioritario que aquel que las use no tenga ningún error en el desarrollo de los movimientos técnicos, ya que en caso contrario podría herirse con extrema facilidad. El practicante de esta arma debe tener en cuenta que a pesar de que las espadas ganchudas que se venden en las tiendas especializadas en artes marciales no están afiladas, la extrema delgadez de la hoja siempre resulta peligrosa, no hace falta que estén afiladas, el filo ya lo tienen por su fabricación en esa forma. Por otra parte, los extremos puntiagudos son lo suficientemente picudos como para clavarse o rasgar con facilidad, por lo que se deberá tener extremo cuidado durante el entrenamiento y manejo.

 

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