La historia de la LLAVE KIMURA

La historia de la LLAVE KIMURA

Conociendo a Kimura

Un judoka con una carrera impoluta, que había roto todas las estadísticas habidas y por haber, hizo también historia con una llave mágica hace más de 50 años. Hablamos de Masahiko Kimura, un luchador japonés que defendió durante 13 años consecutivos su campeonato japonés (uno de los más reconocidos del Judo) y que tan solo fue derrotado en una ocasión.

A sus 34 años, Kimura decidió salir de Japón y dar al público su mejor versión, demostrando así que el Judo podía llegar hasta fronteras insospechadas. Quizá realizó aquello teniendo en mente una visión de lo que hoy era, o simplemente por intereses personales, pero el caso es que innovó de lo lindo.

Kimura se marchó a Brasil y emprendió el viaje más importante de su vida y de las artes marciales mixtas.

Allí entrenó durante cierto tiempo junto a dos compañeros de la prestigiosa escuela Kodokan de Tokio: el Cinturón Negro Sexto Dan, Toshio Yamaguchi; y el Cinturón Negro Quinto Dan, Yukio Kato.

Se nutrió de la cultura sudamericana y disfrutó de un tipo de aprendizaje distinto del de oriente.

El reto de los Gracie

Sin embargo, su nombre pronto llegó a oídos de la familia Gracie, la más reconocida de toda Brasil. Esta, deseosa de demostrar lo que podían llegar a realizar en una tarima ante un profesional japonés, retó al bueno de Masahiko y a sus compañeros a un combate ‘Desafío Gracie’. Hélio Gracie fue el elegido para ello, y Maracaná el escenario alquilado para el evento.

En el ‘Desafío Gracie’ únicamente se podía acabar el combate por rendición o inconsciencia, es decir, no había tiempo límite. Era un cara a cara en el que el ‘Grappling’ premiaría por encima de todo, pudiendo utilizar Gracie y Jiu-Jitsu, y Kimura y su Judo.

Gracie se enfrentó a Kato en Maracaná, y nuevamente en Sao Paulo en una revancha improvisada. El siguiente sería Yamaguchi, ya que correspondía que poco a poco el representante Gracie fuese venciendo a los luchadores compañeros de Masahiko para enfrentarse finalmente con él. Pero, justo cuando este se iba a cerrar, Kimura decidió entrar en su lugar.

Así, el 23 de octubre de 1951, estos dos peleadores se reunieron en el mayor escenario del deporte en Sudamérica para brindar a los espectadores el mejor espectáculo posible. La expectación fue tal que Kimura fue recibido con una lluvia de huevos, e incluso el, por entonces, presidente de Brasil, Getúlio Vargas, asistió al recinto.

Según los informes del combate, la diferencia de peso estuvo entre los 10 y 15 kilogramos, pero eso no impidió que este tuviera lugar, pues el empeño de ambos por realizarlo fue máximo. Los profesionales se entrenaron de forma exhaustiva, decididos a acabar el uno con el otro en un duelo tan apasionante como extremo.

Un enfrentamiento para los restos

Distintas combinaciones en el suelo se sucedieron durante una serie de minutos desde el comienzo. El silencio reinaba en un estadio en el que los fans estaban disfrutando. Era una oda al deporte, un combate que jamás se podrá repetir. En ocasiones, era Kimura el que llevaba la voz cantante, pero, rápidamente, era Gracie el que le daba la vuelta.

Así siguieron hasta que en un momento, después de haber aguantado el dolor lo máximo posible, Masahiko agarró el brazo de Hélio. Lo retorció, lo puso en su espalda. Las crónicas cuentan que se trataba de un Ude-Garami, nombre original del Kimura. Esta sumisión buscaba la luxación del codo del brasileño, quien no se rindió en ningún momento y aguantó hasta que su hueso estalló.

El recinto, donde solo se oían las respiraciones de los luchadores, escuchó atentamente el crujido de la extremidad superior, la cual, quebrada, no supuso problema alguno para el peleador. Al menos, eso fue lo que la gente pensó hasta que su esquina, formada por su familia, decidió lanzar la toalla. Kimura había ganado el duelo, era el rey.

Fue el rey desde ese momento hasta el día de su muerte, hasta el 18 de abril de 1993, cuando un Cáncer de Pulmón se lo llevó a los 75 años.

Todavía con aquella edad, horas antes de fallecer, se le encontró haciendo flexiones.

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