BRUCE LEE, el principio del JKD en Oakland parte 2

BRUCE LEE, el principio del JKD en Oakland parte 2

“Conforme creció y se convirtió en adulto, Karna buscó naturalmente convertirse en guerrero, ya que su casta chatría corría por su sangre. De acuerdo a esto se trasladó a Jastinápur. Se acercó a Drona, que en ese tiempo había establecido su escuela y estaba entrenando a los príncipes Kuru, y solicitó la admisión a su escuela. Drona rehusó enseñarle ya que era un sutá putra o hijo de un sutá (hijo de un chatría con una bráhmana). Karna se dio cuenta de que su casta continuaría siendo una barrera en la búsqueda del conocimiento. Finalmente decidió acercarse a ParashúRama, el avatar de Visnú que había matado a generaciones de guerreros Chatrías…” Del Majabhárata (epopeya hinduista)

Era el día 13 de noviembre de 2018. Llovía en Barcelona de una manera desmesurada y como aún faltaba una hora para el entreno decidí entrar en un bar para tomar un té verde. Mientras la madre china, y una camarera filipina atendían a los clientes, el benjamín de la familia se apoyaba en el mostrador. Tendría 8 o 9 años. Y puesto delante Lo, comenzó a mirarme. En su camiseta estaba la imagen del Capitán América. Le pregunte: “¿Conoces al Capitán América?” Y rápidamente me contestó que sí. Después, ya que permanecía allí en quietud, le pregunté si conocía a Bruce Lee. Moviendo su cabeza me indicó que no. Y le volví a preguntar si conocía a Lee Shiao Lung (Lee el pequeño dragón). De nuevo lo negó con su cabeza. Consideré, por un momento, que las nuevas generaciones no conocerían a uno de los hombres con más significado en la cultura china…

Ahora hago una reflexión sobre si los actuales jóvenes chinos llegarán a saber algún día todo lo que hizo por ellos su compatriota Bruce Lee. Con el fin de que esta actual juventud (tanto oriental como occidental) conozca la vida y los hechos de Lee Shiao Lung, yo colaboro explicando en estas páginas las vivencias en Oakland de este hombre, uno de los artistas marciales más grandes de todas las épocas… Mientras, espero que Quentin Tarantino no haga una segunda parte de “Erase una vez en Hollywood” y tire de nuevo por el suelo mi trabajo…

En el artículo anterior vimos la llegada de Bruce Lee a la ciudad de Oakland, concretamente al hogar de James Y. Lee. Ambos hombres hablaron del judo y ju jutsu, y Bruce le explicó a James que había conocido en Seattle a uno de los mejores expertos de ju jutsu en los EEUU llamado Wally Jay… El encuentro entre Bruce Lee y Wally Jay – en Seattle- no fue por casualidad. En la década de los 60, Lee se estaba creando una buena reputación. Su manera de enseñar (en la que abandonaba el misticismo de las formas para entrar en su explicación biomecánica, y en el funcionamiento de cada técnica en la aplicación para el combate) junto con sus espectaculares demostraciones públicas hacían que cada vez fuera más popular en la ciudad más grande del estado de Washington, y en otras localidades de los EEUU. Un buen día, alguien llamó a la entrada del Jun Fan Gung Fu Institute de Seattle. Era Wally Jay.

LA VISITA DE WALLY JAY A BRUCE LEE EN SEATTLE

Wally Jay, que conocía la fama de Lee, estuvo investigando -por el “Chinatown International District” de Seattle- el paradero del potente maestro de Gung Fu. El mismo era una leyenda en los EEUU, jefe instructor de su escuela de judo y ju jutsu en Alameda (California). Estaba en Seattle con su equipo, para participar en una competición. Su conocimiento de las habilidades de Lee provenía de una joven estudiante de ju jutsu cuya madre había estudiado diversas lecciones de Cha Cha Cha con Bruce. La madre de la chica también había visto a Bruce realizar rápidas demostraciones de gung fu en San Francisco, durante el corto período en que Lee estuvo allí antes de desplazarse a Seattle.

La estudiante de Wally Jay, al conocer que su maestro se iba a competir a Seattle le habló de la habilidad de Lee y le dijo que lo buscara para trasmitirle sus saludos. Finalmente, Wally y sus estudiantes encontraron el Jun Fan Gung Fu Institute, la escuela de Bruce Lee. Y Jay llamó a la puerta, y se presentó… La llegada de aquel oriental acompañado de un grupo de personas, de entrada, no gustó mucho a Bruce Lee. Los miró con recelo; ya que podían buscar un desafío, un reto… Pero pronto desapareció la desconfianza hacia Wally Jay y su grupo cuando éste le dio los recuerdos de su antigua alumna de San Francisco. Lee estuvo muy contento de que hubieran personas que todavía se acordaran de él, y de sus días de estancia en Jiùjīnshān (旧金山).

Una vez roto el hielo y la desconfianza ambos hombres comenzaron a hablar sobre las artes marciales. Lee explicó a Jay que estaba enseñando su propio método de Gung Fu, basado en el Wing Chun, la mantis religiosa y otros estilos de boxeo chino. Después le mostró ejercicios de chi sau, con tanta elegancia, velocidad y poder que Wally Jay quedó impresionado. Jay correspondió a Bruce explicándole el funcionamiento de su estilo de ju jutsu, y después junto con sus alumnos le demostró algunas proyecciones y llaves de brazo. Bruce también disfrutó ante el elevado nivel técnico de aquellos artistas marciales de Alameda, y les dio las gracias. El encuentro fue tan satisfactorio para ambos que decidieron verse en un futuro próximo…

BRUCE LEE SE ENCUENTRA DE NUEVO CON WALLY JAY EN OAKLAND

Volviendo de nuevo al hogar de James Yimm Lee, y mientras Bruce hablaba con su esposa de James -llamada Katherine Chow- éste llamó a Wally Jay: “¿Recuerdas aquél practicante de Kung Fu que se llamaba Bruce Lee y era de Seattle? Bueno, pues está aquí, en mi casa. Planeamos intercambiar algo de Kung Fu y conocernos mejor”. James acabó la conversación diciendo a Wally que le irían a visitar un poco más tarde… Era un gran día para James. Tener a Bruce en su casa, era para él -un gran investigador de las artes marciales y especialmente del boxeo chino- un momento excepcional. Pronto le explicó a Bruce sus proyectos y le mostró su “especial garaje”. Dentro del local Bruce quedó asombrado de todos los aparatos que James había diseñado y construido gracias a su profesión de soldador…
Así lo explicó en un artículo Greglon Y. Lee, el hijo de James Y. Lee:

“…El garaje estaba lleno de aparatos metálicos para golpear con los brazos y las piernas. James los había diseñado utilizando sus conocimientos como soldador. Aunque algunos estaban sólo en sus primeras fases de construcción, Bruce se percató de que James estaba muy avanzado para su época. Prácticamente casi todos los aparatos imaginables con muelles y placas estaban firmemente asegurados a las paredes del garaje, en donde James daba sus clases de “Siu Lum Kung Fu”. Incluso en Hong Kong, en donde Bruce estuvo rodeado de diferentes equipos de entrenamiento, nunca vio semejante derroche de inteligencia puesta al servicio de las Artes y sus métodos de trabajo.

James dio una completa demostración a Bruce de la utilidad de cada uno de los aparatos. Posteriormente, Bruce probó sus técnicas en el equipo de entrenamiento. Incluso después del largo viaje que había hecho, Bruce mostró una abundante energía en su ejecución. Cada vez que golpeaba un aparato, toda la casa parecía temblar. La personalidad curiosa e inquieta de Bruce, le llevó a pensar sobre nuevas variaciones en el equipo. Bruce estaba impresionado con el conocimiento sobre física, mecánica, etc., que James poseía, y por su habilidad para diseñar unos equipos de entrenamiento que, sin lugar a dudas, podían elevar el nivel de cualquier artista marcial…” Después de la visita al garaje, cuyo interior era más parecido a la cámara de los 18 chong o muñecos de madera del monasterio de Shaolin que al típico parking americano adosado a la casa, James decidió llevar a Bruce a la escuela de Wally Jay en Alameda.

Ambos hombres entraron en el vehículo de James. Estaba aparcado frente a su blanca casa de dos plantas. Estaban en el 3039 de Monticello Avenue de Oakland, y tenían que dirigirse al 2055 Eagle Avenue de Alameda (CA 94501). James condujo por Virgina Avenue, y después por High St, pasando por el puente sobre el mar. Ya en Alameda circularon por Fernside Blvd, Tilden Way y llegaron hasta el 2055 de Eagle Ave, la escuela de Wally Way. El trayecto no era muy largo, pero dio tiempo a que James y Bruce hablaran del entrenamiento físico, ya que James había anticipado décadas antes de Bruce Lee, la importancia del músculo y el estado físico a través del entrenamiento con pesas.
Bruce comentó:

-”Observo por tu trabajada musculatura que has realizado un tipo de entrenamiento paralelo a tu estudio del Fut Gar Siu Lum gung fu.”
James respondió:

-”Sí. He entrenado con culturistas como Jack La Lanne y Steve Reeves.” Y con un gran levantador de pesas llamado Tommy Kono. Ellos son los mejores en el trabajo con las pesas. El cuerpo mejora tanto en fuerza, como en resistencia. En mi experiencia en combates en la calle las pesas me han dado mayor efectividad. Es más fácil vencer…

De hecho, la respuesta de James a Bruce era una verdad a medias (supongo para no hablar mucho conduciendo) ya que el entreno de James con las pesas venía desde su juventud. Nacido en 1920, durante el tiempo que estudió en la escuela secundaria practicó entrenamiento con las pesas, físico culturismo, equilibrio de manos y acrobacias. De 1938 a 1939 era miembro del equipo de levantamiento de pesas de la Oakland YMCA quedando Campeón en el Northern Californian Championship en la división de 132 libras… Toda su vida estuvo unida a la práctica, al entreno con las pesas. Mientras trabajaba como soldador en los astilleros de Pearl Harbour en Hawaii como civil comenzó a estudiar Judo en el Okazaki Gim con Bill Montero y Sydney Yim, al mismo tiempo que participaba en combates de boxeo amateur.

Después del ataque a Pear Harbour (1941) James volvió a Oakland y continuó trabajando de soldador hasta que entró en el Ejército, siendo destinado a las Islas Filipinas. Allí enfermó con malaria y disentería y su estado llegó a ser tan grave que fue enviado a la sala de la muerte, pero él continuó peleando contra la enfermedad y sobrevivió. Su más grande cualidad era ser un luchador con una voluntad de hierro. En 1946 fue dado de alta y volvió a su casa y comenzó a practicar pesas de nuevo para recuperar su salud y el peso (había pasado de 158 libras a 116) que había perdido durante su enfermedad. Y continuó con las pesas hasta que encontró un nuevo maestro: T.Y.Wong del Sil Lum Hung Fut Gung Fu. Sobre este tema de Bruce Lee y las pesas, años después Allan Joe explicó que si no hubiera sido por James, Bruce no habría estado interesado en el entrenamiento con pesas sistemático, pero de hecho Allan “colaboró” en el interés de Bruce por el trabajo con el levantamiento de “hierro”, estas fueron algunas de sus palabras sobre el tema:

“Para mi Bruce era un buen profesor. Cuando abrió por primera vez el gimnasio de Oakland alineó a todo el mundo y dijo: Si no os gusta esto, no desperdiciéis vuestro tiempo ni el mio. Yo le regalé sus primeras pesas por su cumpleaños. A partir de ahí empezó su entrenamiento con ellas. El no comentaba lo que estaba haciendo, pero sé que hacía el ejercicio latissimus (músculo dorsal ancho), y también hacía tracciones y ejercicio de remo…” El automóvil recorrió las últimas millas -ya en Alameda- mientras la conversación cambió a las amistades marciales “intimas” de james:

-”Bueno ahora veremos a Wally, y me gustaría presentarte también a Ralph Castro de Kenpo Karate; Al Novak exmilitar, culturista y gran maestro de Kajukenbo ; el boxeador, luchador y actor Leo Fong, y el famoso Ed Parker el creador, el padre del Kenpo Karate, pero me temo que en este fin de semana no tendremos tiempo para todo…”

Pronto llegaron a la escuela de Ju jutsu, y Bruce y Wally estuvieron muy contentos de verse de nuevo, después de los buenos momentos de Seattle. Wally, James y Bruce estuvieron toda la tarde hablando sobre las artes marciales; y Bruce les demostró varias de las técnicas que enseñaba en su Instituto de Seattle. Una vez más el poder y su relampagueante velocidad dejó admirados al instructor de ju jutsu, y al instructor de Fut Gar Sil lum kung fu. Era evidente que para Bruce la funcionalidad era lo más importante: técnicas veloces, duras, poderosas y bien pulidas. No había lugar para las florituras, ni movimientos artísticos… Aunque Bruce había impresionado a Wally y a James, él también se emocionaba con todo lo que estaba viendo en Oakland. El garaje “equipado” había sido la primera sorpresa, y la segunda era el físico de James. Un hombre que, aunque le doblaba la edad tenía un cuerpo perfecto, excepcionalmente entrenado. De hecho, que James hubiera tenido “maestros” no artistas marciales como Jack La Lanne y Steve Reeves, y Tommy Kono, y que el trabajo de pesas sirviera para mejorar la capacidad de combate no dejaba de asombrarle y de darle vueltas por su cabeza…

 

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